China lleva 12 años construyendo islas artificiales en el mar de China Meridional

**Por Alejandro Alcolea**

Ha pasado más de una década desde que China inició una estrategia de expansión territorial: depositar millones de toneladas de arena y sedimentos en el mar de China Meridional. Aunque esta práctica no es exclusiva del gigante asiático —Japón, por ejemplo, construyó así el aeropuerto de Kansai—, China la ha llevado a una escala masiva con un objetivo claro: reclamar y consolidar su soberanía sobre aguas disputadas.

Ver emerger estas islas de la nada, a través de timelapses satelitales, resulta hipnótico.

**Contexto: una década de transformación**
Finales de 2013 marcó el punto de partida. China comenzó entonces a rellenar de forma intensiva siete arrecifes en los archipiélagos de Nansha y Xisha (conocidos internacionalmente como Spratly y Paracels). En un tiempo récord —entre diciembre de 2013 y junio de 2015— completó la fase inicial de relleno.

A partir de 2015, el foco se trasladó a la consolidación del territorio mediante la construcción de infraestructuras: pistas de aterrizaje, hangares, puertos, radares y estructuras de apoyo logístico. Según la U.S.-China Economic and Security Review Commission, entre diciembre de 2013 y octubre de 2015, China creó artificialmente unos 12 km² de tierra sobre los arrecifes de Nansha. Un dato que Washington observó con preocupación y Pekín celebró con orgullo.

**La ingeniería detrás de las islas**
El método, aunque contundente, no es especialmente complejo. Se basa en cortar el fondo coralino, bombear sedimentos marinos hacia zonas someras y depositar el material como relleno. Luego se construyen diques y muros de contención, se añade más relleno y se compacta con maquinaria pesada. La fase final incluye la pavimentación, la construcción de pistas, carreteras y demás infraestructuras.

El resultado: más de 12 km² de nuevo territorio que, en contexto, representan “17 veces más tierra reclamada en 20 meses que todo lo conseguido por otros reclamantes en los últimos 40 años”.

**La narrativa en disputa**
¿Por qué invierte China tantos recursos en este proyecto? La respuesta depende de a quién se pregunte.

El gobierno chino argumenta que las islas sirven para mejorar las misiones de rescate en alta mar, apoyar la pesca local, facilitar la investigación científica, ofrecer puntos de navegación y recopilar datos meteorológicos. También menciona fines defensivos.

Sus vecinos, sin embargo, ven una estrategia de expansión territorial pura y dura. El Ministerio de Defensa de Japón asegura que estas infraestructuras permiten una presencia militar china permanente en aguas disputadas, con capacidad ofensiva en prácticamente todo el mar de China Meridional.

**Dimensión militar y tensiones regionales**
Informes recientes, como el del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) de 2025, subrayan que la actividad china en la zona ha sido posible gracias a estos trabajos de construcción. Análisis occidentales indican que las pistas están preparadas para aviones de combate y transporte de tropas, mientras que los puertos pueden albergar buques de guerra. También se han detectado instalaciones subterráneas y posibles plataformas de misiles.

La tensión es palpable. Pekín reclama soberanía sobre territorios que también son reivindicados por Vietnam, Taiwán, Filipinas y Japón. De hecho, Vietnam ha emulado la estrategia china, comenzando sus propios proyectos de relleno en la región, lo que ha convertido la zona en un auténtico hervidero geopolítico.

**El costo ecológico: un daño innegable**
Más allá de las disputas políticas, existe un consenso científico sobre el severo impacto ambiental. Estudios señalan que se han perdido entre 12 y 18 km² de arrecifes de coral, algunos de los mejor conservados de la región. Las “nubes” de sedimentos generadas durante los vertidos han dañado también ecosistemas distantes.

Incluso investigaciones chinas reconocen que estas prácticas eliminan por completo el ecosistema local y alteran las corrientes y los patrones de sedimentación, degradando áreas vecinas. No obstante, la Administración Estatal Oceánica de China insiste en que todos los proyectos fueron evaluados y no dañan los corales, atribuyendo su deterioro a fenómenos globales como la acidificación de los océanos y el cambio climático.

**REDACCIÓN FV MEDIOS**

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