**Por José A. Lizana**
En los últimos dos años, los agonistas del receptor GLP-1, como Ozempic o Wegovy, han pasado de ser fármacos para la diabetes a convertirse en un fenómeno cultural y médico clave en la lucha contra la obesidad. Su impacto fue tal que llegó a pensarse que la cirugía bariátrica había llegado a su fin, pero la realidad ha sido muy diferente.
La premisa inicial era clara: si puedo inyectarme un medicamento para adelgazar dos veces al mes, ¿por qué entrar a un quirófano? Una idea lógica, sobre todo por los riesgos inherentes a cualquier intervención quirúrgica.
Sin embargo, este entusiasmo por abandonar el bisturí se está diluyendo. Las últimas investigaciones indican que la cirugía bariátrica sigue siendo superior a los agonistas de GLP-1 y logra resultados más significativos y duraderos.
Un estudio de la NYU Langone comparó a pacientes sometidos a intervenciones como el bypass gástrico con aquellos tratados con Ozempic. El resultado fue contundente: quienes se sometieron a cirugía perdieron entre un 24% y un 26% de su peso corporal, mientras que los pacientes medicados perdieron, en promedio, entre un 5% y un 6%. Esta cifra dista mucho de lo esperado por las farmacéuticas en sus ensayos clínicos, y el problema radica, principalmente, en la adherencia al tratamiento.
La Clínica Universitaria de Navarra también investigó este campo con un amplio estudio de 20.000 pacientes, llegando a la misma conclusión: la cirugía bariátrica supera a los agonistas GLP-1 en pérdida de peso total, reducción del IMC y mejora de la composición corporal.
El gran talón de Aquiles de la farmacología es, sin duda, el factor humano. Es común que los pacientes olviden una dosis o abandonen el tratamiento sin supervisión. La gran diferencia con la cirugía es que esta última no se puede “olvidar”. Los estudios son claros: entre el 60% y el 70% de los pacientes abandonan el tratamiento con GLP-1 antes del primer año, lo que desencadena un efecto rebote que devuelve al paciente a su peso original, especialmente si retoma sus hábitos alimenticios anteriores.
Las razones de este abandono son variadas: efectos secundarios gastrointestinales persistentes, el elevado coste mensual o los problemas de desabastecimiento. Mientras que interrumpir la medicación provoca un rebote, la cirugía bariátrica, aunque invasiva, ofrece resultados mucho más estables a largo plazo, a pesar de conllevar otros riesgos.
La superioridad de la cirugía no se mide solo en la báscula. Una revisión sistemática publicada en *JAMA Network Open* en 2025 señala que la cirugía se asocia con una menor mortalidad general y una reducción más drástica de eventos cardiovasculares mayores en comparación con los fármacos. Además, la ciencia indica que la cirugía sigue siendo más efectiva para la remisión de la diabetes tipo 2, con un riesgo de mortalidad mínimo. Económicamente, a pesar del coste inicial, la cirugía resulta más rentable a largo plazo para los sistemas de salud que un tratamiento farmacológico crónico que puede costar cientos de euros mensuales de por vida.
No se trata de una guerra entre ambos enfoques, sino de una futura integración. Ya se exploran estrategias donde los GLP-1 se usan antes de la cirugía para reducir el riesgo operatorio en casos de obesidad extrema, o después como herramienta de rescate si el paciente recupera peso años más tarde. Incluso la OMS ha comenzado a incluir estos fármacos en sus guías de tratamiento integral, recalcando que son una pieza más del puzle, no un sustituto universal.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**