El documento secreto que prioriza qué salvar en los museos ante emergencias

Si tu casa empieza a arder, ¿qué es lo primero que salvarías? La pregunta se vuelve abrumadora cuando se trata de un museo con cientos de objetos y obras únicas de enorme valor. Para ello, las instituciones culturales cuentan con un plan secreto: la lista de salvamento o lista de prioridad.

Este documento, estrictamente confidencial, enumera los objetos más importantes para la institución y detalla cómo ponerlos a salvo ante incendios, fugas de agua, inundaciones o actos de terrorismo. Es un plan impreso que los museos desean no tener que usar nunca, tanto por motivos logísticos como por la responsabilidad ética con el patrimonio que custodian.

La guía indica protocolos para reaccionar ante diferentes emergencias. Por ejemplo, ante un fallo eléctrico, se valora el riesgo de electrocución y, si es seguro, se procede. En caso de plagas, especifica cómo guardar las obras. Sin embargo, el núcleo del plan son los criterios de la lista de prioridades.

En un plano del museo, se señala qué obras hay que salvar, acompañadas de su número en la lista. Además, se brindan indicaciones precisas para que personal externo, como bomberos, sepa cómo actuar. La guía incluye el número de referencia del objeto, una foto, si se necesitan llaves para acceder a la vitrina y su ubicación, recomendaciones de manipulación (guantes, caja específica) y el número de personas necesarias para moverlo. La claridad y concisión son clave.

El secretismo de estos documentos es fundamental: nadie ajeno al servicio de seguridad puede conocer qué objetos están en la lista para evitar filtraciones o robos. Generalmente, los objetos con mayor valor asegurado encabezan la prioridad.

Un caso emblemático es ‘Mural’, de Jackson Pollock, valorado en 140 millones de dólares. La obra, pintada en 1948, se exhibía en el Museo de Arte de la Universidad de Iowa. En 2008, una fuerte nevada provocó el desbordamiento del río Iowa. Con el agua a las puertas, ‘Mural’ fue evacuado a Chicago en un camión blindado. Otra obra, ‘Karneval’, un tríptico de 1943 de Max Beckmann, también se transportó a la misma instalación, pero en un vehículo separado.

El movimiento generó controversia. El director de la universidad lo calificó de imprudente. “Nuestra colección está asegurada por un tercio de mil millones de dólares y ahora tenemos gente que le dice al mundo que está camino a Chicago”, comentó entonces Pamela White, directora interina del museo.

El personal logró mover más de 10.000 obras, protegiendo en el lugar aquellas que no pudieron evacuar, colocándolas en estantes altos. Solo tuvieron una hora antes de que la Guardia Nacional cerrara el museo.

La situación plantea un dilema ético: ¿hasta qué punto el museo es una institución para preservar el arte para las generaciones futuras y no solo un custodio de activos valiosos? Katty Hayslett, una de las conservadoras del museo, expresó su preocupación al ver cómo las obras más costosas salían protegidas, mientras se dejaban atrás piezas de arte africano, precolombino y nativoamericano, consideradas menos relevantes en la lista pero parte irremplazable del patrimonio cultural universal.

Inspirada por esto, Nathalie Jacqueminet, gerente de conservación de la Galería Nacional de Islandia, elaboró su propio plan tras una conferencia sobre el incendio de Notre Dame. La recomendación de los bomberos fue radical: reducir la lista a solo cinco piezas y colocarlas estratégicamente cerca de las salidas de emergencia.

Mientras algunas instituciones tienen meticulosos planes de salvamento, otras han optado por una estrategia alternativa: la fortificación. Es el caso del Getty Villa en Los Ángeles. Su director afirma que tienen “el edificio más seguro de Los Ángeles. El resto podría ser escombros en el suelo mientras el museo sigue en pie”.

La construcción de este búnker requirió miles de millones de dólares. Cuenta con túneles logísticos que sirven como galerías de evacuación y, durante los recientes terremotos e incendios en California, mantuvo sus colecciones intactas sin activar ningún plan de evacuación.

No todos los museos pueden permitirse esta opción. Con muchos ubicados cerca de ríos, como el Tate en Londres o el Louvre en París, y con la creciente amenaza de fenómenos extremos debido al cambio climático, la próxima vez que visite un museo, quizá quiera fijarse en qué obras están cerca de las salidas de emergencia. Son las que tienen más papeletas para ser salvadas primero.

**REDACCIÓN FV MEDIOS**

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