Hoy los programadores tienen IA; hace 60 años ‘picaban’ código en tarjetas perforadas

**Javier Pastor**

Hoy en día los programadores cuentan con numerosos recursos para desarrollar sus creaciones, incluso antes de la revolución de la IA y del *vibe coding*. “Picar código” sigue siendo complejo, pero es relativamente cómodo gracias a los modernos entornos de desarrollo integrado (IDE). Además, programar es accesible: cualquier PC modesto puede servir, aunque los asistentes de IA hayan incrementado algunos costes.

Hace medio siglo, la realidad era muy distinta. Quienes se dedicaban a la programación enfrentaban obstáculos significativos: no existían los ordenadores personales, el acceso a *mainframes* y servidores era privilegiado, y ni siquiera había monitores para visualizar el código en tiempo real. Todo era más artesanal e incómodo. Las tarjetas perforadas son el legado de una época que demuestra que, en tecnología, el pasado no siempre fue mejor.

Así lo explicaba en un hilo de Twitter **Foone**, coleccionista e historiador tecnológico, quien relataba cómo trabajaban los programadores en 1962. Su imagen contrastaba con la de los jóvenes que hoy crean imperios tecnológicos desde un dormitorio universitario o un garaje. Aquellos programadores solían ser adultos que vestían con chaqueta y corbata, ya que para acceder a este mundo había que trabajar en grandes empresas, las únicas con acceso a los *mainframes* de la época.

Foone ponía como ejemplo el **IBM 7090**, uno de los primeros ordenadores basados en transistores —no en tubos de vacío como su predecesor, el IBM 709—. Esta máquina representó una revolución: multiplicaba por seis el rendimiento anterior y era capaz de ejecutar 100.000 operaciones de coma flotante por segundo.

Sin embargo, programar en ella no tenía nada que ver con las interfaces actuales. No se escribía código viéndolo en una pantalla. Tampoco eran sistemas multiusuario o multiproceso, por lo que solo una persona podía usar toda esa potencia en cada sesión. Esto convertía a estas máquinas en bienes muy preciados y extremadamente caros, que IBM alquilaba.

En 1962, alquilar una de estas computadoras durante un mes costaba **63.500 dólares**, equivalentes a unos **421.000 dólares actuales** ajustados por inflación. En un cálculo simple (un mes tiene aproximadamente 44.000 minutos), cada minuto de uso costaría unos **10 dólares de hoy**. En un par de horas, el gasto equivaldría al precio de un buen PC o portátil actual.

Estas restricciones económicas hacían que el tiempo de cómputo fuera oro. Ahí entraban en juego las **tarjetas perforadas**, cada una con una capacidad de 80 caracteres —aunque normalmente solo se usaban los primeros 72—.

Para perforarlas, se utilizaba una máquina especial, a menudo fabricada por IBM, que podía ser mecánica o electromecánica. El proceso era sencillo: los caracteres escritos en la máquina se “traducían” en perforaciones en la tarjeta.

Pero programar no consistía en sentarse y escribir comandos sin más. Primero, el programa se escribía a mano o a máquina utilizando plantillas proporcionadas por IBM, diseñadas para no exceder el límite de caracteres por línea. El resultado final era un mazo de tarjetas perforadas, que contenía todas las instrucciones del programa en una secuencia perfectamente ordenada.

Este mazo se entregaba a los operadores del *mainframe*, quienes lo introducían junto a una tarjeta de control de tareas que indicaba al sistema cómo y cuánto tiempo debía ejecutarse. Otros programas podían estar en **cola de ejecución**, por lo que no era un proceso inmediato.

La ejecución podía tardar bastante, así que el programador no esperaba el resultado. En su lugar, el operador dejaba tanto el mazo de tarjetas como la salida impresa en un cubículo, donde el programador podía recogerlo más tarde.

El principal inconveniente era, por supuesto, los errores. Si el programa fallaba o producía una salida inesperada, había que identificar el problema, corregir la tarjeta o tarjetas afectadas y repetir todo el proceso.

Hubo avances notables, como la capacidad de convertir tarjetas perforadas en programas almacenados en **cintas magnéticas de casete**, lo que aceleraba la lectura.

Este era el día a día de los programadores de la época, quienes solían usar lenguajes como **FORTRAN** o **COBOL**. Estas máquinas tuvieron aplicaciones históricas: se utilizaron en el desarrollo del **CTSS (Compatible Time-Sharing System)**, uno de los primeros sistemas operativos, creado por el Centro de Computación del MIT.

También fueron **usadas por la NASA** en las misiones Mercury y Gemini. De hecho, se empleó una IBM 7090 para ejecutar el software de planificación de vuelo en las **misiones Apolo**, antes de migrar a los nuevos System/360.

Incluso hubo aplicaciones más curiosas y pioneras. En 1962, los matemáticos **Daniel Shanks y John Wrench** calcularon los primeros **100.000 decimales de π** usando estas computadoras. Un año antes, **Alexander Hurwitz** había utilizado una IBM 7090 para descubrir los dos números primos más grandes conocidos hasta entonces, con 1.281 y 1.332 dígitos.

**REDACCIÓN FV MEDIOS**

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