Durante décadas, la medicina cardiovascular ha operado bajo un dogma casi inamovible: para proteger el corazón hay que vigilar la dieta, hacer ejercicio y controlar la tensión arterial. Sin embargo, la ciencia ha comenzado a identificar otros factores sociales igualmente determinantes, como el estado de las finanzas personales.
Para llegar a esta conclusión, que apunta a un cambio drástico en un paradigma médico, la Clínica Mayo analizó a más de 280.000 pacientes mediante inteligencia artificial. La IA examinó las pruebas médicas convencionales y los historiales clínicos, revelando que los factores que más aceleran el reloj biológico del corazón no siempre están en la historia clínica, sino en la cuenta bancaria y en la cesta de la compra.
El núcleo tecnológico de este hallazgo reside en un algoritmo de IA aplicado a los electrocardiogramas. A diferencia del análisis de un cardiólogo, que busca arritmias o anomalías en la conducción cardíaca, este modelo de aprendizaje detecta cambios sutiles en las señales eléctricas que pueden pasar desapercibidos para el ojo humano.
Así, el algoritmo estima lo que la ciencia denomina ‘edad cardíaca’. Al comparar esta cifra con la edad real del paciente, los investigadores identificaron una brecha de edad cardíaca: personas con un corazón que parece más viejo de lo que debería, un predictor de mortalidad más preciso que algunos marcadores tradicionales.
La pregunta clave es por qué. Los resultados del estudio, publicado en *Mayo Clinic Proceedings*, sitúan la tensión financiera y la inseguridad alimentaria como los determinantes sociales de la salud (DSS) más agresivos.
La investigación demuestra que la preocupación constante por pagos, alquileres, hipotecas o el encarecimiento de los alimentos básicos genera un desgaste fisiológico que la IA detecta como un envejecimiento prematuro del tejido cardiovascular.
A nivel biológico, este fenómeno se explica por la respuesta crónica al estrés. La incertidumbre económica mantiene al cuerpo en un estado de ‘alerta’ permanente, elevando los niveles de cortisol y adrenalina. Esta sobreexposición hormonal prolongada daña el endotelio vascular y altera la variabilidad del ritmo cardíaco, efectos que el algoritmo identifica como signos de un corazón envejecido.
Sorprendentemente, el estudio indica que el impacto de esta precariedad puede igualar o incluso superar el riesgo de la inactividad física o enfermedades crónicas como la diabetes en términos de mortalidad acelerada.
Este trabajo no es un hecho aislado, sino la culminación de una línea de investigación que la Clínica Mayo ha reforzado en los últimos años. En 2024, el mismo equipo utilizó la IA para demostrar que el aislamiento social actúa de forma inversa: poseer redes de apoyo sólidas y vínculos comunitarios funciona como un ‘freno’ biológico que ralentiza el envejecimiento del corazón. Sin embargo, el nuevo estudio de 2025 es el primero en priorizar los factores económicos sobre los clínicos.
Este hallazgo subraya la importancia de que, en la práctica clínica, más allá de los resultados de analíticas o electrocardiogramas, los médicos reconozcan que frente a ellos hay un paciente con una realidad social compleja. No solo importa el colesterol elevado, sino también los problemas sociales que pueden interferir en su patología y que los profesionales deben conocer.
La relevancia de este trabajo reside en su capacidad para priorizar. Mientras otros estudios ya hablaban del estrés social, este es el primero en utilizar modelos de IA para cuantificar exactamente cómo la precariedad económica ‘oxida’ el músculo cardíaco en comparación con los factores médicos tradicionales.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**