Estudio revela la dieta contrastante entre esclavos y terratenientes en la Hispania romana

Desde los tiempos de la Hispania romana muchas cosas han cambiado en la península, pero hay algo que se mantiene invariable: lo que uno come está directamente relacionado con su posición económica. Ocurre hoy y ocurría en el siglo V, en la villa de Noheda, un asentamiento situado a 18 km de la actual Cuenca. Al analizar sus vestigios, los arqueólogos han constatado que la dieta de los terratenientes no tenía nada que ver con la de los esclavos y trabajadores.

Se trata de uno de los yacimientos romanos más fascinantes de la península: la antigua villa de Noheda, ubicada a menos de 20 kilómetros de Cuenca y habitada entre los siglos I a.C. y VI d.C. El enclave destaca por albergar “uno de los mosaicos figurativos más espectaculares del Imperio Romano”.

Otra de sus peculiaridades es que es un yacimiento relativamente ‘joven’. La fase de estudios más detallados es reciente, lo que ha permitido a los expertos examinar sus vestigios con las herramientas que ofrece la ciencia moderna.

En Noheda, los investigadores no solo han encontrado un área termal, un impresionante mosaico y restos del área residencial (pars urbana) y de los hogares de los agricultores (pars rustica). También han hallado gran cantidad de huesos, vasijas con restos orgánicos y una pequeña necrópolis.

Para responder a las incógnitas sobre la dieta, los arqueólogos han recurrido a técnicas que analizan semillas, restos de maderas, polen, huesos y colágeno humano. Entre las pistas, como señala Miguel Ángel Valero, director del yacimiento, se incluyen restos de ostras e incluso huesos de pájaros con marcas de dentelladas humanas y de perros.

Los arqueólogos han constatado claras diferencias entre las familias pudientes, alojadas en la pars urbana, y los esclavos y trabajadores que vivían en la pars rustica.

La investigación ha arrojado conclusiones llamativas. En la villa, los expertos han encontrado restos que indican un elevado consumo de carne de burro joven. Aunque se sabía que en la época tardoantigua se consumía este tipo de carne, especialmente entre las clases humildes, era una práctica poco documentada en la península.

Como explica Valero, el objetivo no es solo asomarse a la vida lujosa de los potentados, sino comprender la rutina de la “gente corriente” y de quienes repoblaron las construcciones abandonadas.

Las familias pudientes disfrutaban de pescados, aves, ovejas y asados de cabras jóvenes, todo regado con vino sirio que llegaba en ánforas.

En cambio, los esclavos y trabajadores se alimentaban de carne de buey, cabras y ovejas que habían sido utilizadas para labores de labranza o producción de lana y que ya eran demasiado mayores. Su carne, envejecida, requería cocciones más largas que las reses jóvenes reservadas para los terratenientes. Para beber, optaban por vino bobal en lugar del sirio.

El estudio de Noheda es interesante por otra razón: además de revelar secretos culinarios de los habitantes de la villa entre los siglos IV y V d.C., ofrece información valiosa que aspira a saltar de museos y laboratorios a la mesa.

En el yacimiento no solo colaboran arqueólogos. La investigación cuenta con la ayuda de carniceros, médicos, dentistas y el chef Jesús Segura, al frente de un restaurante con estrella Michelin. El objetivo es que los secretos de la villa sirvan de base para platos inspirados en la Hispania romana.

**REDACCIÓN FV MEDIOS**

Derechos Reservados FGJ MULTIMEDIOS 2024