Juguetes sexuales conectados: la privacidad en juego ante las apps que piden múltiples permisos

**Amparo Babiloni**

Imagina que te acabas de comprar un juguete sexual y te dispones a estrenarlo. Te ha costado más de 100 euros, pero querías darte el capricho. Abres la caja, lees las instrucciones y descubres que incluye una aplicación para controlarlo. Al instalarla, comienza a solicitar permisos de forma insistente: ubicación, acceso al teléfono, a las fotos… ¿Realmente es necesario todo esto?

Parece que la tendencia de los dispositivos conectados **se nos ha ido un poco de las manos**. Si bien en muchos aparatos el control remoto resulta práctico, en otros —como los vibradores— la conectividad puede parecer excesiva o incluso innecesaria.

Marcas como **Lelo, Satisfyer o We-Vibe** ya cuentan con sus propias apps. La función principal es el control desde el móvil, permitiendo su uso en pareja o grupo a distancia. Si cada persona tiene un juguete, pueden sincronizarse. Algunas, como We-Vibe o Satisfyer, incluso integran videollamadas dentro de la propia aplicación.

Existen plataformas que llevan la experiencia a otro nivel. **Joyhub** funciona casi como una red social, con listas de amigos y salas de chat para disfrutar en grupo. **Lovense Remote** va más allá, ofreciendo la opción de conectar con desconocidos para que controlen tu juguete y “exploren lo desconocido”.

La mayoría de aplicaciones permiten personalizar patrones de vibración, y algunas añaden funciones como la sincronización con la música. Satisfyer, por ejemplo, incluye un modo llamado **High Touch Meditations**, que combina meditaciones guiadas con el placer. Una de ellas se titula, llamativamente, *Lullavulva Deep Sleep*.

Todas estas funcionalidades requieren que las apps accedan a numerosos componentes del teléfono. Un ejemplo claro es la aplicación de We-Vibe, una de las más completas y, por tanto, de las que **más permisos solicita**.

Uno de los permisos más habituales es el de **ubicación**. Según explica Lelo en la descripción de su app en Play Store, desde Android 6.0 Google obliga a que los dispositivos Bluetooth tengan también acceso a la ubicación. También puede tener sentido el acceso a la cámara y el micrófono si hay videollamadas, o al almacenamiento si se permite guardar fotos.

Sin embargo, por muy justificados que parezcan, se trata de **datos extremadamente sensibles**. Estas aplicaciones pueden conocer la frecuencia e intensidad de uso, con quién se comparte la experiencia e, incluso, la ubicación del usuario. Revisar qué datos recopila una app y con qué fin es siempre importante, pero en este contexto resulta crucial.

En la sección ‘Seguridad de los datos’ de Play Store se detalla qué información recoge cada aplicación. Según un **reportaje de Wired**, muchas apps recopilan datos para estudios de mercado —por ejemplo, para detectar preferencias de vibración y diseñar futuros productos—. No obstante, el riesgo de robo de información existe, y en este caso los datos son especialmente delicados.

Hasta donde se sabe, no ha habido brechas de seguridad graves relacionadas con estas apps, pero sí incidentes llamativos. Hace unos años, el fabricante **Svakom** lanzó un vibrador con cámara integrada cuya contraseña WiFi era “88888888” y aparecía en el manual. Un fallo de seguridad evidente.

Surge entonces la pregunta: ¿son necesarias tantas funciones en un juguete sexual? Para la mayoría de usuarios, probablemente no, aunque en casos concretos —como relaciones a distancia— puedan tener su utilidad.

Hay que considerar, además, dos factores clave. Por un lado, estos juguetes suelen superar los **100 euros**, por lo que las funciones extra actúan como valor añadido. Por otro, el sector ha salido de la clandestinidad, especialmente con el éxito del Satisfyer, y la competencia obliga a las marcas a diferenciarse.

**Imagen |** Anna Shvets, Pexels

**En Xataka |** El sexo ha entrado en crisis en Occidente. Si queremos salvarlo ya sabemos cómo: poniéndonos a leer romantasy

**REDACCIÓN FV MEDIOS**

Derechos Reservados FGJ MULTIMEDIOS 2024