Dron terrestre ucraniano sostiene línea del frente durante seis semanas sin bajas humanas

En el frente ucraniano, donde cada metro conquistado o defendido tiene un alto costo humano, el ingenio se ha convertido en un recurso tan valioso como la munición. En ese contexto de desgaste extremo, algunas unidades experimentan con soluciones poco visibles que están cambiando la forma de sostener una línea de combate.

En una guerra marcada por la escasez de infantería y la letalidad de mantener posiciones avanzadas, Ucrania ensaya una solución que hasta hace poco pertenecía a la ciencia ficción militar: dejar el frente en manos de máquinas.

Durante 45 días consecutivos, una unidad ucraniana mantuvo sectores de primera línea sin presencia humana directa, confiando la defensa a un único vehículo terrestre no tripulado. Esta apuesta resume la lógica del conflicto: si algo puede recibir fuego enemigo, mejor que no sangre.

La experiencia fue relatada por la NC-13 Strike Company, integrada en el Tercer Cuerpo del Ejército de Ucrania, una unidad creada específicamente para operar vehículos terrestres no tripulados.

Su comandante, Mykola “Makar” Zinkevych, explicó que la idea era radicalmente simple: “los robots no sangran”. El dron terrestre era el único elemento presente en la posición, cumpliendo misiones de fuego de supresión constantes para disuadir avances rusos y obligar al enemigo a enfrentarse a una defensa que no podía ser desgastada psicológicamente ni eliminada con bajas humanas.

El sistema empleado fue el Droid TW 12.7, desarrollado por la empresa ucraniana DevDroid: un pequeño vehículo oruga armado con una ametralladora pesada M2 Browning del calibre .50.

Lejos de ser un prototipo aislado, el dron fue desplazado entre distintas posiciones a petición de los puestos de mando locales, actuando como una plataforma móvil de castigo que convertía cada intento de avance ruso en una operación costosa y arriesgada.

Aunque el robot podía permanecer en su puesto durante días, necesitaba retirarse cada 48 horas para mantenimiento, reabastecimiento de munición y recarga de baterías, tareas realizadas por un equipo situado a varios kilómetros del frente.

El proceso, inicialmente de cuatro horas, se redujo a la mitad gracias a la compra de baterías adicionales pagadas por los propios soldados. Este detalle ilustra hasta qué punto la guerra ucraniana sigue dependiendo de iniciativas locales y financiación improvisada, incluso cuando se habla de tecnología avanzada.

DevDroid afirma que el Droid TW 12.7 puede operar a distancias de hasta 15 millas y cuenta con funciones de navegación asistida por inteligencia artificial, aunque no está claro hasta qué punto puede actuar de forma autónoma en combate.

Aun así, el simple hecho de que un solo vehículo terrestre no tripulado (UGV) haya sostenido posiciones durante seis semanas demuestra que el valor de estos sistemas no reside solo en su sofisticación, sino en su capacidad para sustituir cuerpos humanos en tareas donde la supervivencia es mínima.

Tras esta experiencia, la unidad de Zinkevych planea ampliar el uso de UGVs tanto en misiones defensivas como ofensivas, apoyándose en nuevas variantes equipadas con lanzagranadas ya aprobadas para uso oficial. La demanda, reconocen, es altísima, pero también lo son los costos, hasta el punto de que el desarrollo continúa financiándose parcialmente mediante campañas de micromecenazgo.

El caso del Droid TW 12.7 no es solo una anécdota tecnológica, sino una señal de hacia dónde se dirige la guerra moderna en Ucrania: un campo de batalla donde cada metro puede defenderse con sensores, acero y algoritmos en lugar de carne y hueso, y donde el valor estratégico de un soldado empieza a medirse también por su capacidad para no estar físicamente allí.

**REDACCIÓN FV MEDIOS**

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