Alejandro Alcolea
Alejandro Alcolea
El desierto de Mojave no es sólo un paraíso a la hora de filmar películas, ambientar videojuegos y bautizar sistemas operativos: es también el hogar de miles de especies de plantas que están habituadas a un clima extremadamente hostil. Se estima que hay unas 2.000 especies y una muy concreta está en peligro de extinción. Hasta que decidieron construir encima una de las mayores plantas fotovoltaicas de Estados Unidos.
El Gemini Solar Project.
En corto. La revista Frontiers in Ecology and Evolution reveló hace unas semanas los resultados de un curioso estudio. La planta ‘threecorner milkvetch’ (que tiene nombre de todo excepto de planta) pasó de 12 ejemplares en el desierto de Mojave a 93. Esta planta estaba siendo evaluada para su inclusión en la Ley de Especies en peligro de Estados Unidos y no sólo ha multiplicado su número: las nuevas plantas son más grandes y producen más flores.
Y “sólo” han tenido que construirle encima una de las mayores plantas fotovoltaicas de América, junto a Guanchoi en Chile, para conseguirlo.
Threecorner milkvetch. Se trata de una planta rastrera que tiene unas necesidades curiosas: sólo crece en suelos arenosos del desierto de Mojave. Sin embargo, es dependiente de las lluvias porque su semilla permanece latente en el suelo y sólo germina y se reproduce con precipitaciones favorables. En años secos, permanece completamente desapercibida, esperando que llueva un poco.
Y es tan escasa que la especie sigue bajo evaluación para considerarla como amenazada o en peligro de extinción bajo las normas del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos. En el mismo desierto hay otra especie amenazada: la tortuga del desierto Gopherus agassizii. El hábitat de las dos especies debería ser el último sobre el que se decidiera construir una planta fotovoltaica, pero ahí está el Gemini Solar Project.
Megaplanta. Cuando se va a realizar una instalación así en el desierto, se emplea una técnica conocida como de desbroce y nivelación. En esencia, se arranca toda la vegetación, se nivela el terreno y se prepara para instalar los pilares de las placas solares. No sólo se crea un paisaje lunar, sino que se destruye cualquier tipo de semilla latente bajo la superficie, como puede ser la del threecorner milkvetch. Sin embargo, el enfoque del Gemini Solar Project fue distinto.
La empresa quería el terreno porque es especialmente ‘fértil’ dentro de EEUU para cosechar la luz solar, pero había que hacer concesiones. Una era minimizar la alteración del hábitat de ambas especies para conservar la superficie desértica con todos sus recursos biológicos, preservar la capa superior del suelo y adaptar la instalación al relieve natural. En la web del Servicio Geológico de EEUU podemos ver fotos de tortuguitas entre los paneles.
Funciona. Esto es parte de lo que conocemos como la ‘ecovoltaica’, con una rama bautizada ‘agrovoltaica’ de la que también hemos hablado y que, aunque se puede usar por parte de las empresas como lavado de cara, sirve para unir las actividades energéticas con las agrarias. En el estudio sobre la el impacto del Gemini Solar Project y la evolución de la planta, la investigadora Tiffany Pereira descubrió lo que hemos comentado: había más plantas y estaban más saludables.
Esto demostró que la empresa energética había cumplido su parte de no arrasar el suelo porque las semillas habían podido germinar, pero dieron con algo más. Las plantas dentro de la instalación evolucionaron antes que las que se encuentran fuera de la misma y crecieron no bajo los paneles, sino en las franjas entre las hileras. Esto implica que siguen necesitando luz solar intensa para madurar.
Vale, pero entonces… ¿cuál es el papel de los paneles en la evolución mejorada de estas plantas? La hipótesis que manejan los investigadores es que los paneles proporcionan sombra parcial sobre el suelo, ralentizando la evaporación. Ya hemos dicho que las semillas están latentes hasta que tienen las condiciones de humedad necesarias para germinar, y en este contexto, un microclima más húmedo ha permitido a las plantas crecer más y producir más semillas.
No todo el campo es orégano. Ahora bien, como casi todo estudio científico, se mira la otra cara de la moneda. Las precipitaciones estos últimos años han sido favorables y habría que ver qué ocurre con periodos de sequía prolongada. En unos años se podría hablar de efectos a largo plazo. Pero, además, esa ausencia de plantas debajo de los paneles podría indicar una posible pérdida de hábitat potencial en años muy húmedos.
De la manera que sea, el estudio de Pereira no es aislado. Otros estudios apuntan a mejoras tanto en el número de especies de plantas con flores como de polinizadores en instalaciones agrovoltaicas en un estado como Minnesota. Y en China también hay indicadores de que esas plantas fotovoltaicas en los desiertos está contribuyendo a la construcción de bolsas de humedad en la que las plantas pueden prosperar de forma más sencilla.
Como decíamos, queda por ver ese impacto de los paneles en la creación de una “nueva” biodiversidad a largo plazo, pero de momento, lo que es evidente es que no hace falta arrasar un terreno para construir una planta fotovoltaica.
Imágenes | DRI, Tiffany Pereira, Gemini Solar Project
En Xatka | El mayor fiasco de la energía solar está en el desierto de Nevada: no sirve y su promotor culpa a una empresa española
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