Título: ‘Atomic Garden’: los huertos “atómicos” para crear los mejores tomates y pepinos
Contenido:
Pablo Martínez-Juarez
Pablo Martínez-Juarez
Desde los inicios de la agricultura, el ser humano ha buscado mejorar sus cultivos. Antes de la llegada de técnicas avanzadas de laboratorio como CRISPR y de la utilización de organismos genéticamente modificados, las estrategias empleadas para obtener frutas y verduras más grandes, sabrosas y resistentes fueron variadas, algunas acertadas y otras que rozaban lo absurdo.
Entre estas últimas se encuentra la horticultura atómica, también conocida como atomic gardening.
Esta técnica, como su nombre indica, consiste en bombardear cultivos con radiación con el fin de inducir mutaciones en las plantas que mejoren las características de los alimentos. Para llevar a cabo este proceso, los huertos se organizaban en círculos concéntricos, con el material radiactivo (generalmente cobalto-60) en el centro, emitiendo rayos gamma. Esta disposición permitía que las plantas en los círculos más cercanos recibieran dosis de radiación peligrosas, que a menudo resultaban en quemaduras o en problemas letales como tumores.
Las plantas más alejadas, en cambio, recibían dosis moderadas que podían provocar mutaciones en su ADN, algunas de las cuales podían ser beneficiosas. De esta forma, la técnica buscaba acelerar el proceso natural de modificación genética, donde la selección natural o humana completaría el trabajo.
El origen de la horticultura atómica se remonta a los primeros años de la era nuclear, en la década de 1950, impulsada por la asociación denominada The Atomic Gardening Society, que promovía esta práctica innovadora.
En un artículo de la revista Nature publicado en 1962, se definía a esta sociedad como “un cuerpo científico, educativo y sin ánimo de lucro, el cual lleva a cabo investigaciones en la reproducción de plantas utilizando semillas y plantas tratadas radiativa y químicamente.”
Los miembros de la asociación podían intercambiar semillas y registrar las diferentes variaciones genéticas introducidas en las plantas, además de compartir sus experiencias a través de la revista que publicaban.
A pesar de que el objetivo de la horticultura atómica era mejorar la calidad de los cultivos, también había un componente de marketing detrás. La década de los 50 fue la era de la iniciativa Átomos para la paz, que buscaba demostrar que la energía responsable de la devastación en Hiroshima y Nagasaki podía utilizarse también para fines constructivos, como la mejora de la agricultura.
La horticultura atómica no fue exclusiva de potencias nucleares como Estados Unidos o la Unión Soviética; varios países, desde Europa hasta Japón, desarrollaron sus propios jardines atómicos. España también experimentó con esta técnica, creando su propio huerto atómico.
El llamado Jarín Atómico de Alcalá, conocido formalmente como Campo de Radiación Gamma de El Encín, es un testimonio del experimento español en agricultura nuclear. Este experimento, que no utilizó cobalto-60 sino Editado con FGJ CONTENT REWRITER