Cada vez más parejas abrazan una costumbre que hasta ahora era un tabú: el "divorcio del sueño"

Título: Cada vez más parejas abrazan una costumbre que hasta ahora era un tabú: el “divorcio del sueño”

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Javier Lacort
Javier Lacort
Durante décadas, compartir la cama ha sido considerado un símbolo indiscutible del amor conyugal. No obstante, esta práctica está siendo reevaluada por un número creciente de personas. La creencia de que una pareja debe dormir junta cada noche ha perdido aceptación, dando paso a un deseo creciente de disfrutar de un descanso reparador.

Qué está ocurriendo. El fenómeno conocido como sleep divorce (o “divorcio del sueño”) está en aumento. Esta práctica implica que las parejas optan por dormir en camas o incluso en habitaciones separadas. Según un estudio realizado por la Academia Americana de Medicina del Sueño, el 43% de los millennials en Estados Unidos ya ha adoptado esta práctica, ya sea de forma ocasional o regular. En España, un 40% de los encuestados ha considerado esta opción, aunque persiste un estigma asociado. La principal motivación detrás de este fenómeno es la mejora en la calidad del sueño.

Entre líneas. La interpretación del sueño compartido ha dejado de ser un concepto uniforme. Para muchas personas, la falta de sueño reparador ocasionada por la pareja —ya sea por ronquidos, insomnio o ritmos de sueño desiguales— puede impactar más negativamente en la relación que la decisión de dormir separados. Esta elección suele surgir tras intentos de adaptación o después de períodos prolongados de mal descanso, convirtiéndose en un reajuste necesario más que en una ruptura de hábitos.

En perspectiva. La cama como símbolo de unidad conyugal es un concepto relativamente reciente. Históricamente, las clases altas solían dormir por separado, mientras que las camas compartidas eran más comunes entre las clases populares. Con el tiempo, el lecho matrimonial adquirió un fuerte simbolismo que ahora comienza a ser cuestionado. La necesidad de un buen descanso empieza a tener más peso que la carga simbólica de compartir la cama.

Sí, pero. No todas las parejas viven esta situación de la misma manera. En algunos casos, uno de los miembros puede aceptar la idea con reticencia, temiendo que la distancia nocturna también genere una distancia emocional. Otros pueden preocuparse por la pérdida de espacios de intimidad o de espontaneidad sexual. La separación en este ámbito requiere “reconfigurar los momentos de conexión”, ya que la separación nocturna podría dar lugar a resentimientos si no se aborda de forma consensuada. La decisión no siempre es equitativa ni sencilla.

El fenómeno del “divorcio del sueño” comienza a tener repercusiones más allá del ámbito doméstico. Según la AASM, un 37% de las parejas prefiere dormir en camas separadas durante sus estancias en hoteles. Esta priorización del descanso podría transformar la percepción de la intimidad en las relaciones.

Imagen | Clay Banks
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