China ejecuta desde hace más de una década una estrategia de expansión territorial mediante la creación de islas artificiales en el mar de China Meridional. Aunque otros países como Japón han empleado métodos similares, China lo ha hecho de forma masiva y con un objetivo claro: reclamar soberanía sobre territorios disputados.
A finales de 2013, el país inició el relleno masivo de siete arrecifes en los archipiélagos de Nansha y Xisha (Spratly y Paracels). En un tiempo récord, entre diciembre de 2013 y junio de 2015, completó la primera fase de la operación. Posteriormente, se dedicó a consolidar el territorio construyendo infraestructuras como pistas de aterrizaje, hangares, puertos, radares y estructuras de apoyo.
Según la U.S.-China Economic and Security Review Commission, entre diciembre de 2013 y octubre de 2015, China construyó artificialmente unos 12 km² de tierra sobre los arrecifes de Nansha. Este volumen representa, según análisis, 17 veces más tierra reclamada en 20 meses que todo lo conseguido por otros reclamantes internacionales en los últimos 40 años.
El método empleado no es excesivamente complejo: se corta el fondo coralino y se bombean sedimentos a zonas someras. La tierra se deposita como relleno, se construyen diques de contención y luego se compacta con maquinaria pesada. El paso final es la pavimentación y la construcción de infraestructura.
El gobierno chino defiende que estas islas sirven para apoyo en misiones de rescate, pesca, investigación científica, navegación y defensa. Sin embargo, países vecinos como Vietnam, Taiwán, Japón y Filipinas ven la estrategia como una forma de establecer una presencia militar permanente en aguas disputadas. Informes, como uno del CSIS de 2025, subrayan que la actividad china en la región ha sido posible gracias a estos trabajos. Los análisis occidentales apuntan a que las pistas están preparadas para aviones de combate y los puertos para buques de guerra, además de haberse detectado instalaciones subterráneas y plataformas de misiles.
La tensión es evidente y ha llevado a que Vietnam, por ejemplo, haya iniciado proyectos similares de construcción de islas artificiales.
Más allá de las disputas geopolíticas, el impacto ecológico es significativo. Estudios señalan que estas construcciones han provocado la pérdida de entre 12 y 18 km² de arrecife, dañando algunos de los mejor conservados de la región. Las ‘nubes’ de sedimento afectan también a sistemas lejanos. Artículos científicos chinos reconocen que las prácticas eliminan completamente el ecosistema del área ocupada y afectan negativamente a corrientes y patrones de sedimentos. No obstante, la Administración Estatal Oceánica de China defiende que todos los proyectos fueron evaluados y que el daño a los corales se debe a tendencias globales como la acidificación de los mares o el cambio climático.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**