Nuevo estudio revela que Titán no tiene un océano global, sino una capa de ‘hielo granizado’ con bolsillos de agua

Titán, la luna más grande de Saturno, ha modificado radicalmente nuestra comprensión de su estructura interna. Durante dos décadas, la narrativa oficial de la exploración espacial sostenía que bajo su espesa bruma se escondía un vasto océano global de agua líquida. Sin embargo, nuevas investigaciones revelan una realidad diferente.

El estudio, liderado por Flavio Petricca del Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA y publicado este 17 de diciembre de 2025 en la revista Nature, propone un modelo revolucionario: Titán no posee un océano interconectado, sino una densa y viscosa capa de ‘hielo granizado’ con bolsillos de agua líquida atrapados.

La sonda Cassini finalizó su misión en 2017 al estrellarse contra Saturno, pero sus datos continúan siendo una mina de oro científica. El equipo de Petricca ha reanalizado los datos Doppler de la sonda —los cambios en la frecuencia de las señales de radio generados por la gravedad de la luna— utilizando las técnicas de procesamiento más modernas disponibles.

El resultado es un desfase de 15 horas en la respuesta tidal de Titán. Esto significa que cuando Saturno ejerce su fuerza gravitacional sobre su luna, esta se deforma con retraso. Si existiera un océano global de agua líquida, la respuesta sería casi instantánea. El retraso observado indica, en cambio, que el interior es altamente viscoso.

Los datos sugieren que el material interno de Titán se comporta como un glaciar pastoso o un granizado extremadamente denso, descartando la presencia de agua fluyendo libremente a gran escala.

Esta información ha permitido redefinir la geología interna del satélite. Se ha determinado que el núcleo rocoso tiene un radio de 2.260 kilómetros, rodeado por una capa de hielo a alta presión mezclada con agua.

Contrariamente a lo que podría pensarse, no todo es frío extremo. El calor interno genera bolsillos de agua caliente que mantienen lagos de agua líquida cerca del núcleo rocoso a aproximadamente 20 °C.

Eliminar la hipótesis de un océano global podría parecer un revés para la astrobiología, que depositaba esperanzas en ese escenario para la vida. No obstante, los investigadores sostienen que ocurre todo lo contrario.

En el nuevo modelo de ‘granizado’, el agua líquida de los bolsillos está en contacto directo con el núcleo rocoso. Esto es crucial, ya que permite que el agua disuelva nutrientes esenciales de la roca, manteniendo además una temperatura de 20 °C ideal para reacciones químicas complejas. Al estar confinada en espacios reducidos, todos estos componentes se encuentran más concentrados, potenciando las posibilidades químicas.

Este descubrimiento redefine los objetivos de la misión Dragonfly de la NASA, cuyo lanzamiento está previsto a partir de 2028. Dragonfly es un octocóptero diseñado para volar sobre la superficie de Titán, y su instrumento más relevante en este contexto es el sismómetro.

Inicialmente, se esperaba que la misión midiera las mareas de un océano profundo. Ahora, su tarea será confirmar si las ondas sísmicas se propagan a través de este ‘granizo’ viscoso. Si se detectan las vibraciones características, se confirmará que Titán es el laboratorio químico más prometedor de nuestro sistema solar.

**REDACCIÓN FV MEDIOS**

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