Nadie apostaría por un thriller erótico protagonizado por una criada en 2025, pero ‘La asistenta’ ha demostrado que Hollywood todavía puede sorprender cuando recupera géneros que parecían enterrados. La película dirigida por Paul Feig ha recaudado más de 137 millones de dólares frente a un modesto presupuesto de 35 millones, convirtiéndose en el éxito inesperado de las navidades. Y ese éxito dice mucho del momento político que atraviesa Hollywood.
El éxito fue tan fulminante que Lionsgate confirmó una secuela apenas 17 días después de su estreno, algo inaudito en la industria actual. Lo fascinante es que ‘La asistenta’ no inventa nada: recupera sin complejos la receta del thriller erótico noventero con su triángulo de sexo, dinero y secretos mortales. Como han señalado algunos críticos, la película “demuestra que los géneros muertos de Hollywood todavía tienen vida” si se ejecutan con convicción. Para Sydney Sweeney, este triunfo resulta especialmente significativo tras los fracasos de ‘Christy’ y ‘Eden’, que amenazaban con hacer descarrilar su carrera justo cuando parecía empezar a consolidarse como estrella.
El thriller erótico nació como fenómeno de masas en 1987, cuando ‘Atracción fatal’, con Glenn Close y Michael Douglas, recaudó más de 320 millones de dólares y pasó ocho semanas como número uno en taquilla. Cinco años después, ‘Instinto básico’ elevó la apuesta con Sharon Stone y de nuevo Michael Douglas, lanzándonos algunas de las escenas más altovoltaicas jamás vistas en pantalla. Recaudó 353 millones. El secreto de la fórmula era una mezcla de *noir* clásico y sexo explícito, con mansiones de lujo, una reformulación del tropo de la *femme fatale* y giros argumentales continuos.
La fiebre desató una avalancha de más de 700 películas directas a video entre 1985 y 2005, mientras guionistas como Joe Eszterhas (de ‘Instinto básico’) se hacían millonarios. A finales de los noventa, el género colapsó por la saturación del mercado y porque con la llegada de internet se democratizó el acceso a la pornografía, eliminando la necesidad de buscar erotismo en el cine *mainstream*.
Hasta ahora no ha habido posibilidad de resurrección para el género porque los cambios culturales post-#MeToo hicieron que los tropos del género (mujeres peligrosas castigadas por llevar una vida sexual desbocada, poco convencional y sobre todo, poco domesticable) resultaran problemáticos. La guinda del pastel: Hollywood reorientó sus películas hacia franquicias familiares que podían venderse en mercados conservadores como el de China.
La industria del cine funciona como un cementerio con puertas giratorias: los géneros nunca mueren del todo, solo hibernan esperando su momento. Las comedias románticas parecían extintas la década pasada, víctimas de Marvel, hasta que la propia Sydney Sweeney recaudó 220 millones de dólares en 2023 con ‘Cualquiera menos tú’.
Lo hemos visto antes en innumerables ocasiones: ‘Django Desencadenado’ se convirtió en 2012 en el western más taquillero de la historia, y de esos barros estos ‘Yellowstone’. Los musicales regresaron con ‘La La Land’ en 2016, y ahí tenemos su sucesora ‘Wicked’ como una de las sensaciones del momento. Por su parte, la nostalgia por el terror de presupuesto modesto ha pasado de moda a fenómeno.
Y es que el patrón se repite: un género nace, alcanza saturación, colapsa por exceso y cansancio de fórmula, desaparece durante 15 o 25 años, y resucita cuando una nueva generación lo redescubre sin el estigma negativo de la saturación. La clave está en crear híbridos que incorporen sensibilidades contemporáneas al ADN clásico, y el *streaming* ha acelerado este proceso, ya que plataformas como Netflix permiten experimentación fuera del sistema tradicional, con menos riesgo financiero, ya que se puede aludir a nichos que los estudios tradicionales ignoran.
Diciembre de 2024 marcó un punto de inflexión cuando dos publicaciones de peso (The New York Times y The Telegraph) declararon simultáneamente que Hollywood había entrado en una “era post-woke”. El artículo del NYT fue especialmente contundente al despreciar la última década de historias diversas, celebrando que “ya no tenemos que fingir que nos gusta algo solo porque tiene la política correcta”. Los datos de taquilla de 2025 confirman el diagnóstico: las producciones que han triunfado en taquilla (‘Lilo & Stitch’, ‘Zootrópolis 2’, ‘Una película de Minecraft’, ‘Avatar 3’) son absolutamente inofensivas en ese sentido.
‘La asistenta’ es un giro que va aún más allá en esta tendencia. La película recupera arquetipos que la era de la corrección política había dejado atrás: la *femme fatale* seductora sin justificación feminista, sexualidad explícita sin ningún tipo de pedagogía, conflicto de clases vestido con los ropajes del thriller sin mensaje. No hay personajes escritos para plasmar demografías, solo una historia sucia (sin representación de minorías) sobre dinero, poder y traición. La presencia de Sweeney, enarbolada hace unos meses como icono anti-woke, no es precisamente casual.
‘La asistenta’ confirma que lo viejo vuelve a ser nuevo cuando el público está hambriento de algo que la industria ya no ofrece. El público femenino (que representa más del 55% de los espectadores de la película) ha demostrado que existe demanda de contenido adulto sofisticado que no sean superhéroes ni animación familiar. Mientras ‘Avatar 3’ y ‘Zootrópolis 2’ dominaban con presupuestos de cientos de millones, ‘La asistenta’ facturó 133 millones ocupando un espacio sin competencia.
La pregunta que queda flotando es si estamos ante un cambio estructural o simplemente ante otro ciclo pasajero. Sydney Sweeney acumula ahora tres años consecutivos con al menos un éxito comercial al año (‘Cualquiera menos tú’, ‘Inmaculada’, ‘La asistenta’), lo que sugiere que ha encontrado una fórmula. Si ‘The Housemaid’s Secret’, la secuela, genera una franquicia viable, habrá conseguido revivir un género muerto. El cementerio de Hollywood, al fin y al cabo, siempre ha sido más un almacén que una tumba definitiva.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**