Título: La Marina de EEUU quiere modernizar sus F/A-18 con sensores que cuestan 16 millones cada uno. No resisten 40 horas sin dar fallos
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Javier Marquez
Javier Marquez
La flota de cazas de la Marina de los Estados Unidos se encuentra actualmente en un proceso de modernización, a pesar de la disponibilidad de aeronaves más avanzadas y costosas, como el F-35 y el F-22 Raptor. En este contexto, el clásico F/A-18E/F Super Hornet, que realizó su primer vuelo en 1995, se mantiene como un pilar fundamental de la aviación naval estadounidense. El principal desafío radica en conservar su competitividad frente a cazas más modernos mediante la incorporación de nuevas tecnologías.
Una de las actualizaciones más destacadas es el IRST Block II, un sistema de búsqueda y seguimiento por infrarrojos desarrollado por Lockheed Martin. Este sistema, que se integra en un depósito central modificado, tiene un costo aproximado de 16,6 millones de dólares por unidad, según un informe reciente del GAO. Su función principal es detectar amenazas a largas distancias sin activar el radar, permitiendo a los pilotos “ver sin ser vistos”, lo que resulta crucial en los modernos escenarios de combate donde operan cazas furtivos y drones de largo alcance.
A pesar de haber sido probado en operaciones reales, el IRST Block II enfrenta un reto significativo en términos de fiabilidad. De acuerdo con el mismo informe del GAO, el sistema presenta fallos, en promedio, cada 14 horas de vuelo, mientras que la Marina espera un mínimo de 40 horas de funcionamiento sin fallos. Esta falta de fiabilidad ha complicado su implementación a gran escala.
Durante las pruebas operativas realizadas entre abril y septiembre de 2024, el IRST Block II mostró un rendimiento inestable, con reinicios inesperados, bloqueos de software y fallos de hardware que requirieron la intervención de ingenieros de Lockheed Martin. El personal de mantenimiento de la Marina no pudo resolver estos problemas de forma autónoma.
Los inconvenientes no se limitan al software. Un informe del GAO de 2023 indicó que entre el 20 % y el 30 % de los componentes fabricados no cumplían con las especificaciones técnicas, señalando problemas en la microelectrónica, el sistema de refrigeración y el ensamblaje del pod. Aunque algunas deficiencias han sido corregidas, muchas otras permanecen sin solución.
El cronograma del programa ha experimentado constantes retrasos. La decisión de iniciar la producción a plena capacidad estaba prevista para principios de 2025, pero se ha aplazado, lo que afecta la capacidad de la Marina de EEUU para mantener el Super Hornet competitivo frente a cazas más modernos de países rivales como China y Rusia.
Curiosamente, mientras la Marina espera poder confiar en su nuevo sensor
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