La proteína en polvo se ha convertido en el accesorio estrella del bienestar moderno. Los nutricionistas tienen algo que decir

Título: La proteína en polvo se ha convertido en el accesorio estrella del bienestar moderno. Los nutricionistas tienen algo que decir

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Alba Otero
Alba Otero
En los vestuarios de los gimnasios, un ritual silencioso se repite cada tarde. Manos sudorosas abren las mochilas, extraen botes con etiquetas brillantes —vainilla, chocolate, cookies & cream—, vierten el contenido en un shaker, agitan con fuerza y beben con devoción. Este batido de proteínas se ha convertido en el compañero inseparable de quienes buscan rendimiento, desarrollo muscular o simplemente una sensación de cumplimiento.
La escena ha alcanzado tal cotidianidad que se asemeja a la del café de media mañana o la tostada con aguacate. La proteína en polvo ha transitado desde los sacos industriales de los culturistas hasta los estantes de los supermercados, convirtiéndose en un artículo habitual en los carros de compra de oficinistas, estudiantes y padres con prisa. Su promesa es seductora: fuerza, salud y bienestar. Sin embargo, surge la pregunta: ¿es realmente necesaria para todos? ¿Nos ayuda o, tal vez sin darnos cuenta, estamos desarrollando una dependencia de este polvo de sabor dulce y promesas rápidas?
Para esclarecerlo, hemos consultado a tres nutricionistas que conocen tanto los beneficios como los riesgos asociados a la proteína en polvo. Detrás de cada batido hay más que proteína: hay decisiones, hábitos y, en ocasiones, un deseo intenso de controlar el cuerpo.
La proteína en polvo: ¿milagro o herramienta? Saray López, nutricionista y entrenadora personal, expresa su apoyo al uso de la proteína en polvo, salvo en casos de intolerancias: “No tiene contraindicaciones y puede ayudar a alcanzar los requerimientos proteicos diarios”. En contraste, Jesús Guardiola, dietista-nutricionista, presenta una perspectiva más matizada: “Si llevamos una dieta equilibrada, no necesitamos ningún tipo de suplemento proteico para cubrir nuestras necesidades”. Su enfoque se centra en evitar que la suplementación reemplace una alimentación real.
Por su parte, Nuria Esteves, nutricionista clínica, aborda el tema desde un ángulo más simbólico: “No es una prioridad en nuestra alimentación como a veces se intenta vender”. Para ella, el problema radica en cómo se comercializa la proteína en polvo, presentándola como un superalimento esencial, cuando en realidad su utilidad es limitada y contextual.
¿Es para todo el mundo? Los tres expertos coinciden en que la proteína en polvo puede ser beneficiosa en contextos clínicos o personales específicos. Saray López detalla que puede ser útil para personas con trastornos de la conducta alimentaria, adultos mayores con dificultades para masticar, pacientes con cáncer o sarcopenia, personas en etapa de ganancia muscular o incluso trabajadores que comen frente al ordenador. Además, Jesús Guardiola destaca su valor como “motivador” postentrenamiento, sugiriendo que tomar el batido como recompensa puede fomentar la adherencia al entrenamiento.
Sin embargo, ¿quién debería evitarlos? La nutricionista Esteves es clara: “Puede ser un riesgo para personas que no tienen una buena relación con la comida, o que lo utilizan como sustituto de comidas completas. Ahí ya no hablamos de salud, sino de ansiedad, rigidez y miedo”. Jesús Guardiola añade a la lista a las personas con patologías renales, que deben controlar estrictamente su ingesta proteica.
La dependencia de los suplementos. Nuria Esteves señala una creciente tendencia hacia el uso de suplementos como parte del “pack fitness”: “Se ha propagado la idea de que sin suplementos no estamos haciendo bien las cosas. Y eso puede alimentar la obsesión por el cuerpo perfecto”. Jesús Guardiola también observa esta dependencia en la práctica: “Mucha gente prioriza el batido antes que la comida real. Pero si no tienes una dieta estructurada, tomar un batido

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