Las tuneladoras modernas son auténticos monstruos comparadas con las de 1950. Lo paradójico es que son igual de lentas

Las tuneladoras modernas son auténticos monstruos comparadas con las de 1950. Lo paradójico es que son igual de lentas

Alejandro Alcolea
Alejandro Alcolea
En el ámbito de la ingeniería, cada profesional se enfrenta a su propio “Imperio Romano”, un periodo de profunda reflexión sobre sus pasiones e intereses. Temas como las megaestructuras y los tractores de enormes dimensiones son ejemplos de esta fascinación. En este contexto, las tuneladoras se destacan como máquinas de dimensiones colosales y tecnología avanzada. Sin embargo, a pesar de los avances significativos en su capacidad y sofisticación, la velocidad de estas máquinas no ha experimentado cambios notables a lo largo del tiempo, lo que limita su potencial para transformar las ciudades.

A pesar de los avances tecnológicos, la velocidad de estas máquinas parece haber alcanzado un estancamiento, una situación que puede explicarse de manera sencilla.

Inicios desesperantemente lentos. La historia de las tuneladoras es relativamente reciente y ha estado estrechamente vinculada a los avances en la tecnología de maquinaria. Inspirándose en el caparazón craneal de los teredos, moluscos capaces de perforar madera, el ingeniero francés Marc Isambard Brunel patentó en 1818 el primer modelo de tuneladora, marcando el inicio de una evolución tecnológica que, a pesar de los logros, aún se enfrenta a limitaciones en su velocidad de operación.

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