**Por José A. Lizana**
Durante décadas, la psicología y la economía han dado por válida una “verdad universal” sobre nuestra satisfacción vital: la felicidad tiene forma de U. Según esta teoría, somos felices en la juventud, tocamos fondo en la mediana edad (la famosa crisis de los 50) y recuperamos la alegría en la vejez. Pero este consenso acaba de romperse por completo.
Un estudio publicado en *PLOS ONE* ha dinamitado las creencias establecidas. Tras analizar datos de más de un millón de personas en 44 países, la conclusión es clara: la curva de la infelicidad ha desaparecido.
La investigación revela un cambio estructural en cómo experimentamos la vida a lo largo del ciclo vital. Esto marca el fin del patrón en forma de joroba, donde el pico máximo de infelicidad se ubicaba entre los 40 y 50 años. Ahora, la gráfica muestra una línea que desciende progresivamente.
Los datos en Estados Unidos apuntan a una situación preocupante. En 1993, solo el 2,9% de los jóvenes menores de 25 años afirmaba sufrir una situación de ‘desesperación’, definida como tener un mes entero de mala salud mental. En 2023, esta cifra se disparó hasta el 8%, superando con creces a los grupos de mediana edad que históricamente lideraban la estadística.
Aunque el deterioro es generalizado en la juventud, el estudio de Blanchflower destaca una brecha alarmante. En Reino Unido, los datos del UKHLS recogidos entre 2009 y 2023 muestran que el porcentaje de mujeres jóvenes con problemas graves de salud mental pasó del 4,4% al 12,7%.
No se trata de una tristeza pasajera, sino de métricas clínicas de ansiedad y depresión, enfermedades mentales sumamente graves. Así, el estudio indica que la llamada “crisis del cuarto de vida” ha desplazado completamente a la crisis de mediana edad.
Es tentador culpar al COVID-19 de este fenómeno y su impacto en la salud mental, pero los datos sugieren que la pandemia solo fue un acelerador que potenció una tendencia ya existente.
Varios factores ayudan a comprender lo que ocurre en la mentalidad de los jóvenes: la precariedad económica, la incertidumbre laboral y el difícil acceso a la vivienda. Un caldo de cultivo perfecto para que surjan grandes problemas mentales cuando perciben que no pueden alcanzar objetivos como un trabajo estable o un hogar.
No hay que olvidar que la Generación Z ha nacido prácticamente con un móvil bajo el brazo, lo que también ha contribuido a que sea una de las generaciones más aisladas. En España, los estudios indican que el 69% de los jóvenes se ha sentido solo en algún momento, independientemente de sus seguidores en redes sociales o interacciones sociales.
Entre los factores que provocan esto están la dificultad para emanciparse y la complicación para crear vínculos de calidad, agravadas por la inestabilidad laboral o la necesidad de cambiar de ubicación para estudiar.
Estamos ante un cambio de paradigma global que genera una gran tensión en los sistemas de salud pública. Esta crisis del cuarto de vida coincide además con un aumento de suicidios entre los jóvenes españoles, por lo que los servicios de salud mental deben reforzarse para hacer frente a esta epidemia de infelicidad en la población más joven.
En definitiva, vivimos un cambio de paradigma mundial que condiciona los niveles de felicidad en los diferentes rangos de edad.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**