Javier Lacort
Javier Lacort
Las pequeñas bandas adhesivas que se pegan en la nariz están volviendo a ser muy habituales en pistas, gimnasios y carreras populares tras décadas de olvido.
Por qué es importante. Desde Carlos Alcaraz hasta corredores de fin de semana, el fenómeno de las tiras nasales ha explotado en el último año.
No es casualidad:
El contexto. Las tiras nasales nacieron en los 80 como remedio antirronquidos. Saltaron al deporte a mediados de los 90 cuando Jerry Rice las lució en la Super Bowl (hoy sigue ingresando dinero promocionándolas) y Ronaldo las popularizó en el fútbol.
Prometían “aumentar el flujo de aire nasal un 31%” y se convirtieron en el símbolo de vanguardia deportiva de la época. Y bajaron en cascada, llegando a los semiprofesionales y también al amateur que simplemente quería apalancarse en ellas para incrementar su rendimiento.
La caída. Hacia el año 2000, la ciencia empezó a desmontarlas. Un estudio de la Universidad de Buffalo con 13 deportistas concluyó que no mejoraban el rendimiento en ejercicios intensos.
La razón es simple: cuando el esfuerzo sube, respiramos por la boca, no por la nariz. Las tiras se volvieron irrelevantes.
El regreso. Carlos Alcaraz las llevó hace un mes en el Masters de Roma, y además de color negro: aún más evidentes que el clásico color tirita. Varios jugadores del Barça subieron una foto en un avión, todos con las tiras puestas, para “mejorar el descanso”.
Y nuevas empresas como Gudslip o Histrips las han “reversionado” con diseños algo más cómodos y marketing dirigido a deportistas de todos los niveles. También con publicidad machacona en Instagram.
Sí, pero. Una revisión de 2021 que analizó 19 estudios no encontró diferencias significativas en VO2max –una métrica clave–, frecuencia cardíaca o rendimiento. Las tiras reducen la resistencia nasal, pero solo ayudan en esfuerzos ligeros o cuando hay congestión. En ejercicio intenso, son inútiles.
De hecho, quien escribe estas líneas las probó y sí se nota la mayor entrada de aire. Pero no la mejora notable en rendimiento.
Y no hay que perder de vista el factor mental: en deporte, muy a menudo hay un componente psicológico en ciertas prácticas. El uso de tiras puede dar confianza mental, reducir el estrés pre-competición y formar parte del ritual que tranquiliza al deportista, que le hace sentir control.
Qué está ocurriendo. Hay cinco grandes fuerzas impulsando este boom:
Sobre esto último: las tiras de ciertas marcas suelen costar entre medio y un euro la unidad. Son un experimento de rendimiento que sale barato.
Profundiza. Las tiras sí funcionan durante el sueño. Reducen ronquidos y mejoran el descanso. Para deportistas con rinitis o asma inducida por ejercicio, pueden ser útiles. En personas sanas haciendo deporte intenso, su efecto es principalmente placebo.
Abel Antón, que ganó mundiales con y sin ellas, lo resume en una frase pronunciada a Relevo hace dos años: “Creernos que algo nos va bien hace que funcionemos mucho mejor”.
Imagen destacada | Pneuma Nasal Tape
En Xataka | He corrido, nadado y trabajado con los Suunto Aqua. Bajo el agua entendí qué proponen estos auriculares de conducción ósea
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