El CES de Las Vegas confirmó el papel central de NVIDIA en la revolución de la inteligencia artificial. Su CEO, Jensen Huang, fue una de las figuras más destacadas del evento, no solo por los avances tecnológicos presentados, sino por su influencia en el debate geopolítico y comercial que rodea a los semiconductores. En el centro de esta disputa se encuentra el chip H200, un componente clave para los centros de datos que se ha convertido en un instrumento de la guerra tecnológica entre Estados Unidos y China.
Tras un veto inicial, Washington relajó parcialmente las restricciones, permitiendo la exportación del H200 a ciertos clientes chinos bajo condiciones estrictas: validación del Departamento de Comercio y una tasa del 25% sobre cada venta. Este movimiento reavivó las esperanzas de NVIDIA de acceder a un mercado que el propio Huang valoró en 50.000 millones de dólares el año pasado, y que calificó como “una tremenda pérdida” no poder abordar.
La demanda parece existir. Según Reuters, gigantes tecnológicos chinos como Alibaba (propietario de servicios en la nube y del modelo de IA Qwen) y ByteDance (matriz de TikTok y desarrolladora de chatbots) han solicitado permiso a Pekín para adquirir chips H200. Los pedidos reportados alcanzarían los dos millones de unidades, con cada una de estas empresas solicitando alrededor de 200.000.
Sin embargo, NVIDIA no se expone a riesgos financieros. Ante la incertidumbre regulatoria y la posible escasez de stock, la compañía ha impuesto una condición innegociable: el pago completo por adelantado, trasladando así el riesgo a los clientes.
El optimismo de Huang, quien en el podcast ‘No Priors’ calificó de “ingenua” la idea de un desacople total con China y la definió como “un adversario, pero también un socio”, choca con la realidad de la soberanía tecnológica que persigue Pekín. China ha respondido a las sanciones estadounidenses con medidas propias, como la prohibición de dispositivos Apple en instituciones oficiales y restricciones a la compra de chips de NVIDIA diseñados específicamente para su mercado.
Paralelamente, empresas locales como Huawei y Cambricon han avanzado significativamente en el desarrollo de sus propios chips para IA, como el Ascend 910C, promoviendo el florecimiento de una industria nacional y el plan estratégico conocido como ‘Delete America’.
Aquí reside el dilema chino: por un lado, el H200 y la plataforma CUDA de NVIDIA siguen siendo el estándar de facto para muchos centros de datos, y existe el impulso de adquirirlos ante posibles nuevas restricciones futuras. Por otro, aceptarlos masivamente podría perpetuar una dependencia tecnológica que contradice sus objetivos estratégicos de autosuficiencia.
Según Bloomberg, los envíos masivos de H200 a China podrían comenzar a corto plazo. Pero la partida final no la juega NVIDIA, ni siquiera las tecnológicas chinas ávidas de potencia de cálculo. La pelota está en el tejado del Gobierno de Pekín, que debe sopesar la necesidad tecnológica inmediata contra su proyecto de liderazgo tecnológico a largo plazo.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**