Se ha descubierto por accidente una antigua isla bajo el mar repleta de tierra raras. El problema es que no tiene dueño

Título: Se ha descubierto por accidente una antigua isla bajo el mar repleta de tierras raras. El problema es que no tiene dueño

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Miguel Jorge
Miguel Jorge
El creciente interés por las tierras raras en la economía global trasciende su aplicación en tecnología. Actualmente, solo una nación, China, controla una parte significativa de la producción de estos minerales esenciales, lo que ha llevado a otros países a explorar nuevas fuentes de este valioso “oro” moderno. Un reciente hallazgo submarino podría ofrecer una solución, aunque la cuestión de la soberanía plantea un dilema complejo.
Un hallazgo accidental. Este descubrimiento se produjo cuando un equipo internacional de científicos determinó que una sección del altiplano submarino conocido como Rio Grande Rise, ubicado a aproximadamente 1,200 kilómetros de la costa de Brasil, era en realidad una antigua isla tropical que emergió hace decenas de millones de años. Aunque esta formación había sido previamente identificada como una cadena de montañas volcánicas sumergidas desde el Cretácico tardío, nuevas investigaciones han revelado que su parte occidental estuvo emergida, creando un ecosistema terrestre que finalmente se extinguió debido a la actividad tectónica y al peso de la roca volcánica acumulada. Este hallazgo transforma no solo la comprensión de la geografía paleoclimática de la región, sino que también abre la puerta a una posible disputa internacional por sus valiosos recursos minerales.
Las claves del pasado. La investigación se remonta a 2018, cuando científicos de Reino Unido y Brasil identificaron que algunas rocas en el lecho marino del Rio Grande Rise presentaban una composición inusual, similar a depósitos de lava y arcilla roja terrestre. Estudios posteriores, publicados en la revista Scientific Reports, confirmaron que esta arcilla, rica en caolinita, hematita y goetita, características de suelos tropicales, no solo representaba una rareza en el fondo oceánico, sino que también proporcionaba evidencia clara de que esta parte del altiplano estuvo emergida entre 44 y 47 millones de años atrás, durante el Eoceno.
Con un índice de alteración química muy alto del 93%, estas arcillas indican una intensa meteorización subaérea y un clima cálido y húmedo. Esto sugiere que la isla pudo haber funcionado como un punto de parada para aves migratorias entre América del Sur y África, aportando una pieza más al rompecabezas de los intercambios biológicos del pasado.
Un tesoro mineral. Además de su valor científico, el Rio Grande Rise alberga una notable riqueza económica. Sus costras de ferromanganeso contienen altos niveles de metales esenciales como el cobalto, el níquel y el litio, cruciales para la transición energética global, que incluye desde baterías para vehículos eléctricos hasta el almacenamiento de energía eólica y solar. Sin embargo, lo más destacado es su concentración de tierras raras, en particular el itrio, un metal blanquecino utilizado en tecnologías estratégicas como aleaciones aeroespaciales, superconductores y LEDs. En un contexto donde China controla hasta el 90% de la producción mundial de estos materiales, cualquier nueva fuente se convierte en un elemento geopolítico de gran relevancia. El interés de Brasil por esta zona ha aumentado tras la decisión de Pekín de restringir las exportaciones.
El dilema de la soberanía. El gobierno brasileño ha manifestado su intención de reclamar el Rio Grande Rise como parte de su plataforma continental, argumentando que esta formación estuvo conectada al continente en el pasado. Sin embargo, el altiplano se encuentra a 652 millas náuticas de la costa, muy por fuera del límite de las 200 millas náuticas establecido por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar para delimitar zonas económicas exclusivas. Esta situación plantea un desafío legal y diplomático complejo, en el que Brasil busca fortalecer su posición en

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