Si la pregunta es cómo logró Ucrania filtrar miles de drones en Rusia, la respuesta es sencilla: sobornando a rusos

Título: Si la pregunta es cómo logró Ucrania filtrar miles de drones en Rusia, la respuesta es sencilla: sobornando a rusos

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Miguel Jorge
El 1 de junio, lo que inicialmente se consideraba una serie de casas móviles ubicadas en puntos estratégicos de Rusia resultó ser parte de una operación encubierta que implicaba camiones camuflados transportando un impresionante arsenal de drones. Este evento marcó el inicio de la operación Spiderweb, reconocida como la ofensiva más significativa de Ucrania en territorio ruso, centrada en la flota de bombarderos de Moscú. Casi un mes después de esta incursión, Ucrania ha revelado uno de los secretos más cruciales: ¿cómo lograron introducir esos enjambres de drones en el territorio ruso?

Redefiniendo la guerra moderna. Durante más de dieciocho meses, los servicios de inteligencia ucranianos llevaron a cabo un meticuloso diseño operativo que culminó en un ataque sin precedentes a miles de kilómetros de sus fronteras. Un ejército de drones fue ocultado en casas móviles prefabricadas, que fueron transportadas a través de fronteras internacionales hasta alcanzar bases aéreas estratégicas en Rusia.

El jefe del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU), Vasyl Maliuk, reveló los detalles de esta operación en una entrevista exclusiva con el Washington Post. Maliuk aseguró que el ataque destruyó al menos 12 aeronaves rusas, incluidos bombarderos Tu-95, y causó daños a un total de 41 aparatos, algunos de los cuales estaban situados a más de 3,400 kilómetros al este de Ucrania, en Siberia. Imágenes satelitales corroboraron la destrucción parcial, aunque la evidencia visual fue limitada debido a condiciones meteorológicas adversas, lo que sugiere que parte de los restos podrían haber sido retirados por Moscú antes de ser capturados.

Cómo se gestó. Según Maliuk, el diseño de la operación comenzó en noviembre de 2023 en respuesta a una nueva ola de bombardeos rusos sobre ciudades ucranianas. La estrategia consistió en ocultar drones dentro de casas móviles que simulaban ser unidades habitacionales estándar. Estas estructuras fueron equipadas con sistemas energéticos autónomos, como paneles solares y baterías especiales, para mantener los vehículos no tripulados cargados incluso en condiciones invernales extremas, aguardando la orden final.

Las restricciones impuestas por Rusia sobre la importación de componentes tecnológicos hicieron necesaria una táctica tan antigua como la guerra misma: el soborno, en este caso, a agentes de aduanas para facilitar la introducción de los materiales.

Nadie sabe (casi) nada. El secretismo fue absoluto: cada grupo trabajó con información compartimentada; los ingenieros que fabricaron los drones ignoraban su propósito real, al igual que quienes ensamblaron las casas prefabricadas, quienes no sabían que albergaban armamento. En palabras de Maliuk, se trató de “una sinfonía táctica” compuesta por múltiples partes críticas pero independientes.

Precisión quirúrgica. Así, en la mañana del ataque, 117 drones FPV modificados con doble carga explosiva fueron activados desde los tejados móviles de las casas camufladas. Cada artefacto fue dirigido por un operador seleccionado entre los mejores del país, a quienes se les asignó un objetivo específico: un avión concreto, cuya ubicación y entorno fueron estudiados con modelos detallados. Las cargas estaban diseñadas para penetrar primero el fuselaje y luego detonar en el interior, maximizando el daño en puntos clave como depósitos de combustible, lanzadores de misiles y sistemas electrónicos que Rusia no puede reemplazar fácilmente. Aunque Maliuk evitó detallar los sistemas de comunicación utilizados para el guiado remoto, confirmó que fueron múltiples y sofisticados.

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