Rubén Andrés
Rubén Andrés
Arabia Saudita imaginó un futuro casi distópico basado en estaciones de esquí futuristas, rascacielos lineales de 170 km e islas paradisiacas para millonarios. La realidad ha obligado a las autoridades sauditas a despertar de su ensoñación y afrontar graves sobrecostes en la construcción de sus proyectos faraónicos y falta de presupuesto para cubrirlos.
El Financial Times destapa en un artículo que un informe interno en el que los auditores proponen recortar el proyecto de NEOM a la mitad, reutilizando lo que ya se ha construido, pero reorientando sus objetivos y, sobre todo, sus presupuestos. No obstante, ese recorte viene condicionado por los compromisos que ya ha adoptado Riad, organizando la Exposición Mundial de 2030 y el Mundial de fútbol de 2034.
El petróleo no da tregua: hay que recortar. Según fuentes del Financial Times, la auditoría del proyecto que está a punto de concluir no dejan margen de maniobra y obliga al príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman a replantear el proyecto NEOM aplicando nuevos recortes y cambios en los planes de construcción a un proyecto “mucho más pequeño”.
El motivo del recorte lo encontramos en los precios del petróleo, que no se han recuperado de su tendencia a la baja, dañando seriamente la solvencia del Fondo de Inversión Pública saudí de casi 1 billón de dólares que financia NEOM. Con un fondo que no crece al ritmo que solía hacerlo y unas inversiones gigantescas, el príncipe Mohammed se ha visto obligado a reducir las expectativas y conseguir una rentabilidad a corto plazo de lo que ya se ha construido.
Poner los pies en el suelo. El proyecto NEOM nació en 2017 como el buque insignia para transformar la economía saudí, pasando de un modelo centrado en la explotación de los recursos de gas natural y petróleo a uno basado en la atracción de inversiones, turismo y energía renovable. NEOM consistía en distintos proyectos de gran presupuesto para construir infraestructuras en un territorio del tamaño de Bélgica en la costa del Mar Rojo.
The Line, la joya de la corona, prometía una ciudad lineal de 170 kilómetros de largo flanqueada por dos edificios de 500 metros de alto, sin coches ni calles, y alimentada al 100% por energía renovable. Se calculaba que para 2030 este proyecto albergaría 1,5 millones de personas, con un coste aproximado de 500.000 millones de dólares. En 2024, la primera fase de The Line ya sufrió un importante tijeretazo rebajando su longitud a 2,4 kilómetros.
The Line iba a ser una ciudad, ahora vivirán tus datos. Fuentes del FT señalan que Riad admite por fin los fallos de diseño inicial, priorizando lo que ya se ha construido. Así, The Line, pasaría de ser una futurista megalópolis, a reaprovechar sus cimientos para convertirse en un hub de centros de datos para meter a Arabia Saudita en la carrera de la IA.
Este giro refleja un cambio de estrategia orientado a conseguir metas más concretas y que aporten un retorno a corto plazo del capital invertido, dejando atrás la visión de rascacielos infinitos en el desierto. Otros recortes ya anunciados incluyen 8.000 millones de dólares menos del Fondo de Inversión Pública para los cinco megaproyectos principales, lo que representa un 12,4% de su valoración total.
Una estación de esquí en el desierto. Los recortes también afectan seriamente a la construcción de Trojena, la estación de esquí futurista que iba a servir de sede para los Juegos de Invierno de Asia de 2029. Sin embargo, el Consejo Olímpico de Asia, que organiza este evento deportivo, ha anunciado en un comunicado “confirmando el aplazamiento de la edición de 2029 a una fecha posterior que se anunciará a su debido tiempo debido tiempo”, y que los expertos vinculan directamente a los recortes en su presupuesto.
Según publicaba Bloomberg, el proyecto estaba inicialmente presupuestado en unos 19.000 millones de dólares e iba a ofrecer 30 km de pistas de esquí que discurrían sobre el tejado de la propia estación y de distintos hoteles de lujo, en una zona desértica con escasas nevadas durante el año, lo cual sumaba un reto añadido para mantener en condiciones la nieve artificial necesaria para el funcionamiento de la estación.
Este primer aplazamiento siembra la incertidumbre sobre el futuro de otras competiciones a las que ya se ha comprometido como el estadio de fútbol que iba a construirse en la azotea de The Line.
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Imagen | NEOM
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