En el siglo XIX descubrieron la forma más insólita de hacerse millonarios: buscando heces de dinosaurio

Rubén AndrésRubén AndrésEncontrar oro, diamantes o petróleo ha sido el origen de muchas de las mayores fortunas de la historia. Un golpe de suerte o invertir en excavaciones en la zona adecuada y en el momento preciso eran la clave para amasar una enorme fortuna.Sin embargo, a veces esa fortuna llega de la mano de hallazgos mucho menos “glamourosos”. En el Reino Unido de principios del siglo XIX, toparse con restos de un dinosaurio era muy llamativo. Pero encontrarse con sus heces podía convertirse en un lucrativo negocio que convirtió en millonarios a muchos afortunados.A principios del siglo XIX, la famosa cazafósiles Mary Anning se topó con unos extraños nódulos oscuros y de formas irregulares en las costas de Dorset, un condado al sur de Inglaterra. La paleontóloga estudió esos extraños restos fosilizados y descubrió que estaban repletos de escamas de peces y pequeños huesos fragmentados y atrapados en su estructura. Eso intrigó a los expertos que comenzaron a estudiarlos con más detalle.En 1829, el geólogo William Buckland los examinó y determinó que esos restos eran heces fosilizadas de ictiosaurios y las llamó coprolitos, de kopros (estiércol en griego) y lithos (piedra). Estos fósiles del Cretácico inferior (hace 110 millones de años) se preservaron en fondos marinos blandos ricos en fosfato. Tal y como destacaba el escritor Martin Sayers en un artículo en History Extra, aunque parecían rocas comunes, su alto contenido mineral desencadenó una inesperada “fiebre del oro” por encontrarlos.en 1845 John Stevens Henslow, profesor de Cambridge, reveló que estos curiosos fósiles no solo tenían un interés paleontológico, sino que también contenían hasta un 40% de ácido fosfórico que habían absorbido del terreno arcilloso, y resultaba perfecto para abono tras molerlo y tratarlo con ácido sulfúrico.Tras las Guerras Napoleónicas, Reino Unido, al igual que el resto de Europa sufrió una acuciante escasez de alimentos, por lo que el uso de fertilizantes que aumentaran la productividad de los cultivos se disparó.En ese contexto, encontrar materia prima para fabricar esos fertilizantes se convirtió en un lucrativo negocio. Ahí es donde entran en juego las deposiciones que los dinosaurios iban dispersando por lo que hoy es el suroeste de Inglaterra.De acuerdo al relato de Sayers, en 1858, Robert Walton arrendó por 200 libras por acre al año un terreno en Cambridge, lo cual era en sí mismo una pequeña fortuna. Su intención era crear una de las primeras minas al aire libre para extraer de forma industrializada los numerosos coprolitos que se habían encontrado en la zona. Se daba el pistoletazo de salida para un negocio que hizo millonarios a muchos buscadores.De acuerdo a los estudios Universidad de St Mary’s Twickenham de Londres, miles de mineros se desplazaron a la zona y se cavaban pozos profundos para extraer las codiciadas deposiciones de dinosaurio. Con su extracción no solo ganaba mucho dinero el empresario, también se pagaban sueldos muy jugosos. Un minero ganaba 10 chelines diarios lavando y clasificando coprolitos, el doble que un labrador.Eso hizo que toda la actividad agraria de la zona se convirtiera en minera industrializando la zona sur de Reino Unido. La demanda de mano de obra era tal que comenzaron a llegar trabajadores y buscadores de coprolitos de todos los rincones del país haciendo crecer la “fiebre del coprolito“.La caca de dinosaurio fosilizado se pagaba a 3 libras la tonelada, y de una mina como la que había creado Walton se extraían unas 300 toneladas de coprolito. Es decir, que si disponías del suficiente dinero como para pagar el arrendamiento de las tierras y la mano de obra, la rentabilidad de la extracción te podía hacer ganar mucho dinero. Esto desató la locura en Cambridgeshire, Suffolk y Bedfordshire.Desde 1850, mineros locales y foráneos inundaron el condado, excavando en zonas del sur de Inglaterra como Burwell, Reach o Coldham’s Common con métodos simples: excavar pozos de 6 a 10 metros de profundidad y sacar arcilla con baldes o vagonetas para filtrar su contenido y encontrar los valiosos coprolitos.Según los registros históricos, la producción local alcanzó el 90% del fosfato británico, unas 54.000 toneladas anuales en 1877, valoradas en más de 150.000 libras esterlinas al año. Los datos apuntan a que, en 1874, la industria del estiércol de dinosaurio aportaba unas 628.000 libras anuales a la economía británica, superando en más de 20.000 libras la aportación que hacían materiales como el estaño, que en aquellos años era producto clave en las exportaciones de Reino Unido.El riesgo de la extracción era muy alto porque el terreno arcilloso hacía que las excavaciones fueran propensas a los derrumbes sepultando a los obreros, y las enfermedades por el agua contaminada azotaban los campamentos de los buscadores de coprolitos.Aun así, la fiebre duró décadas y se revivió durante la Primera Guerra Mundial, impulsada por la demanda de fosforo para fabricar municiones para el ejército. No obstante, una vez declarado el armisticio en 1918, las minas de coprolito de Reino Unido volvieron a ser selladas y todo el producto se importaba de EEUU, donde los coprolitos se encontraban más cerca de la superficie y su extracción era mucho más sencilla y barata.En Xataka | Siete de las diez mayores fortunas del mundo en 2026 lo son por la IA: este ilustrativo gráfico lo deja muy claroImagen | Unsplash (David Valentine), Wikimedia Commons (United States Geological Survey, Diego Delso, National Portrait Gallery), Cambridgeshire CollectionsLos mejores comentarios:Ver 1 comentariosEn Xataka hablamos de…Ver más temas Webedia Tecnología Videojuegos Entretenimiento Gastronomía Motor Estilo de vida Economía Ediciones Internacionales Destacamos Ver más temas SuscribirMás sitios que te gustaránRecienteVer más artículos Xataka TV Ver más vídeos source

La ciencia del "doomscrolling": cómo la tecnología hackeó a la psicología para que no podamos soltar el móvil

Beatriz de VeraBeatriz de VeraLlevas dos horas, tres, en una postura imposible mirando el móvil en medio de una especie de trance. Una notificación te ha hecho desbloquearlo y tras saltar de una aplicación a otra durante unos minutos, has caído en el agujero negro del scroll infinito. Difícilmente podrías decir qué has visto o si has disfrutado de algún vídeo de las decenas que te han pasado por delante. ¿Qué mecanismo perverso ha sido capaz de secuestrar tu atención durante horas?Lo primero que tienes que saber es que a este hechizo no escapan ni las ratas. En los años 40, un psicólogo llamado B. F. Skinner intentó averiguar cómo funciona el sistema de recompensa de nuestro cerebro estudiando las reacciones de ratas de laboratorio con un experimento: los animales aprendieron que si pulsaban una palanca, obtenían alimento. Fácil, pero se complica.La parte más interesante del experimento, conocido como caja de Skinner, y la que más puede compararse al coladero de tiempo que son las redes sociales es la siguiente parte: Skinner dejó de recompensar a las ratas cada vez que pulsaban la palanca y empezó a darles comida unas veces sí y otras no. ¿Fue esto suficiente para desalentarlas? Ni mucho menos: habían probado las mieles del refuerzo intermitente.A las ratas les bastaba la posibilidad de que hubiera comida del mismo modo que a ti solo te han llegado notificaciones interesantes pocas de las muchas veces que miras el móvil, o solo una de las publicaciones que has consumido compulsivamente ha saciado tu curiosidad. El refuerzo intermitente es un patrón psicológico que se caracteriza porque las recompensas se dan de forma impredecible, de forma que crea un enganche y fuerte apego.“Los mecanismos que están detrás de las redes sociales son los mismos que los de las máquinas tragaperras”, explica a Xataka David Ezpeleta, neurólogo y vicepresidente de la Sociedad Española de Neurología.El refuerzo intermitente también es un vicio de las relaciones humanas tóxicas, donde se mercadea afecto, atención, y validación. En el caso que nos ocupa, tanto las ratas con la comida como tú con los likes, DMs, o encontrar algo que te apetezca comprar, reciben un chute de dopamina, un neurotransmisor que se libera en situaciones relacionadas con el placer, cuando la recompensa aleatoria por fin aparece.“Son estímulos de corta duración y alta intensidad con posibilidad de recompensa. De cada diez veces que miramos las redes, quizá solo recibimos recompensa en una. Y esa posibilidad es más adictiva que una recompensa segura las diez veces”, señala.“Las tecnologías son capaces de hacer cualquier cosa para que sigas leyendo titulares, pinchando enlaces, añadiendo favoritos, comentando posts, retuiteando artículos, buscando el GIF perfecto para contestar a un hater”, escribe Marta Peirano en El enemigo conoce el sistema (Debate). El texto es de 2019, y aunque algunos comportamientos han podido cambiar desde entonces (¿quién contesta ya con GIF?) y ni TikTok ni los reels dominaban aún nuestra atención, los mecanismos que andan detrás de nuestro enganche son los mismos desde Skinner.Cada vez hay son más las personas que tienen perfil en alguna plataforma y las usan para más actividades. Son fuente de socialización, entretenimiento e información: el 49% de los españoles entre 16 y 30 años dice informarse de lo que pasa a través de las redes sociales, sobre todo Instagram, según la última encuesta sobre juventud del Eurobarómetro. Es precisamente esta plataforma la que más ha crecido en España en el último año, seguida de Tik Tok. Las más antiguas como X (Twitter) y Facebook están en descenso aunque esta última sigue siendo la segunda más usada (después de Instagram), según un informe de la CNMC. Los algoritmos son el corazón de este diseño. Son un conjunto de operaciones matemáticas hipercomplejas, cambiantes y opacas, que deciden lo que ves. No son neutros ni “objetivos”: son sistemas de aprendizaje automático que seleccionan y priorizan contenido que maximiza la interacción del usuario. Es decir, el algoritmo observa a qué le dedicas más atención, y repite ese patrón para mostrarte más de lo mismo.Los algoritmos de las redes sociales tienen la capacidad de modificar ideas, patrones de comportamiento y, en algunos casos, contribuyen a la radicalización del pensamiento, a la polarización y al conflicto: las reacciones viscerales (enfado, miedo, indignación) generan más clics, compartidos y comentarios que otros tipos de contenido.Un estudio publicado en la revista Science muestra que pequeños cambios en lo que se prioriza en un feed pueden acelerar sentimientos de polarización política en muy poco tiempo, evidenciando cómo la tecnología detrás del algoritmo no solo organiza contenido, sino que moldea actitudes y emociones.¿Y para qué les sirve tu enfado? Independientemente de si existe o no una mano negra detrás que quiera dirigir nuestra atención y nuestro tiempo a un foco determinado, la principal función de esta maquinaria es mantenerte dentro de la aplicación de turno. Que no sientas la necesidad de consultar una web, a especialistas o a una enciclopedia: el tiempo de atención es el valor económico que se vende a los anunciantes. Otro fenómeno que favorece enormemente que el tiempo se te escurra entre las aplicaciones es el llamado Fear of Missing Out (FoMO), o miedo a perderse algo, por el que parece que si no vemos todo lo que pasa sentimos que no somos parte de la conversación, generando problemas como ansiedad y dando pie a una conexión continua y compulsiva, impulsando la dependencia de dispositivos plataformas.Pero, ¿se puede hablar de adicción a las redes sociales? Para Ezpeleta, “se puede hablar de adicción cuando se necesita el estímulo y, al retirarlo, aparece ansiedad”. Y hacen falta al menos dos elementos importantes: oportunidad y acostumbramiento.Cada una de estas aplicaciones que lucha por tu tiempo tienen algo en común: están en el mismo dispositivo, uno que usas para despertarte y que es la última cosa que miras antes de dormir. Para muchas personas es, además, herramienta de trabajo, por lo que se ha convertido en un apéndice del cuerpo, uno inimputable en muchos casos. La oportunidad constante de echarle un ojo, de revisar, de

Poner paneles solares en un coche eléctrico suena a win-win total: la realidad de la autonomía extra es un jarro de agua fría

Eva R. de LuisEva R. de LuisUna de esas novedades que se dejaron ver en el pasado CES 2026 fue la tecnología de paneles solares integrados en la carrocería del vehículo de la mano de Solarstic, una startup surgida de Hyundai Motor Group. La idea de usar energía solar para cargar las baterías no es nueva, pero su tecnología es innovadora y sobre todo, sus promesas son de lo más prometedoras (valga la redundancia). Está en fase de pruebas en modelos reales como el IONIQ 5 y el ST1, porque no es un mero concepto: van en serio. Además, se llevó el premio de Vehicle Tech & Advanced Mobility.Hasta 80 kilómetros extra al día. Solarstic afirma que integra paneles solares en el capó y en el techo para que, combinados, puedan generar hasta 500 vatios de potencia, lo que puede ampliar la autonomía de un vehículo eléctrico hasta 50 millas al día (80 km), una cifra más que respetable para cubrir trayectos diarios. Asimismo, explican que para trayectos de larga distancia puede “recargar alrededor del 30% de la batería mientras se conduce”. No es vidrio. Tampoco una pegatina. La idea pasa de olvidarse del clásico y pesado vidrio de los paneles tradicionales, que pasa factura al centro de gravedad del vehículo y su aerodinámica, en favor de polímeros ligeros en forma encapsulada. Para integrarlos en elementos estructurales (no son meros adhesivos) como el capó o el techo se usa moldeo con inyección, lo que permite formas más complejas y curvas. También tiene sus ventajas en seguridad pasiva: en caso de colisión o atropello un capó de polímero absorbería energía frente a uno de vidrio, rígido y con riesgo de romperse.No ha sido fácil. Al reto técnico de la fabricación en forma de encapsulado polimérico con alta presión y el riesgo de que las células solares se rompan (que han solucionado con una capa protectora y bajando la presión de la inyección) se une la durabilidad y la estética.Y es que los polímeros expuestos al sol tienden a degradarse, perdiendo transparencia en favor de un tono amarillento que baja la eficiencia. Además, un simple lavado también podría deteriorarlos y no solo estéticamente: si el polímero se raya, la luz se dispersa y no llega a la célula. Así que están probando con recubrimientos antirrayado y antidegradación. Finalmente, han apostado por un acabado en negro más discreto que esconde las células solares a simple vista.Tu cara me suena. El concepto de usar la energía solar: Lightyear One y su promesa de 70 km de autonomía al día. La letra pequeña: un coste prohibitivo que acabó acelerando su fin para centrarse en el Lightyear 2 y a la postre, la bancarrota de la empresa holandesa. Sono Motors también lo intentó con su Sono Sion, pero la financiación se les hizo cuesta arriba y acabaron cancelando el coche para centrarse en vender su tecnología de paneles a autobuses y camiones. Aptera parece va a poder llevar la aventura a buen puerto: han confirmado que 2026 es el año para las primeras entregas de su vehículo solar de tres ruedas ultraeficiente. Es un modelo de nicho, no un SUV. No obstante, marcas más consolidadas como Mercedes Benz (con su Vision EQXX con techo solar o con pintura solar) o Toyota y su Prius también lo han intentado. Toca hablar de números. La teoría y la práctica. Vamos a tomar un coche que conocemos bien porque hemos probado: el Hyundai Ioniq 5, que consume unos 17 Kwh por cada 100 km. Para conseguir 80 kilómetros de autonomía haría falta por tanto generar unos 13,6 kWh. Con un sistema de 500 W (ojo, potencia pico), harían falta algo menos de 28 horas de perfecto sol al día. Esta cifra parece más plausible en una semana aparcado a pleno sol que para un solo día, o en un modelo extremadamente eficiente como el Aptera y no en un coche de dos toneladas. O un cálculo basado en el ahorro de sistemas auxiliares. Este punto es muy interesante.De hecho, lo de no cargarlo nunca podría darse en un escenario concreto: vivir en un sitio soleado como Cartagena (la ciudad más soleada de España según la web de alquileres vacacionales Holidu con datos de ‘World Weather Online’) y hacer unos 10 kilómetros al día. En Pamplona por ejemplo, cogiendo un día de verano y suponiendo unas 5 horas de sol pico, serían 2,5 kWh, lo que da para algo menos de 15 kilómetros. Las cifras encajan con lo que hemos visto antes y evidencian una realidad: el coche no se va a poder alimentar solo con carga solar tal y como la conocemos.Donde sí que viene bien ese extra. Cuando probamos el Vision EQXX en un par de trayectos hablamos de aumento de autonomía de 13 y 43 kilómetros respectivamente. El segundo tuvo lugar en un día soleado de junio. Y cuando nuestros compañeros de Motorpasion probaron el Toyota Prius Plug In en 2021 hablamos de una extensión, en el mejor de los casos y con su capacidad al 100%, de 6,1 kilómetros. Su potencia de carga teórica era de 180 W (la práctica, de 140W). Ahí llegaron a una conclusión: las placas solares nunca podrán recargar la batería principal hasta un 100%.Aunque lo de disparar la autonomía suene muy bien, ya hemos visto que para la mayoría personas que no vivimos en un paraíso y hacemos más kilómetros esto puede ser un empujoncito que puede servir para alimentar el climatizador o mantener la batería cuando está aparcado. Eso sí, Hyundai tiene la capacidad de escala que le faltó a Sonos o Lightyear y si logran que ese módulo solar aguante bien una década, será un magnífico as en la manga. No tanto por cargar gratis el coche, sino porque ese extra puede servir para enfriar el habitáculo sin gastar de la batería principal.  En Xataka | El coche eléctrico promete que el mantenimiento será nulo. Ahora también promete cambios de batería asequiblesEn Xataka | El arma de Toyota para dominar el coche eléctrico son

Tinder ha entendido algo incómodo: los jóvenes están solos y ya no quieren ligar como antes

Alba OteroAlba OteroNunca he sido muy de aplicaciones de citas. Probé una vez —poco tiempo, lo justo— y me abrumó. Demasiadas caras, demasiadas conversaciones empezadas al mismo tiempo, demasiada sensación de estar eligiendo a hombres como si fueran opciones de menú. Cerré la app y pensé que quizá el problema era mío. Durante años, esa sensación pareció quedar en minoría. El relato dominante era otro: si no estabas en las apps, te estabas perdiendo algo. El match como puerta de entrada a una vida sentimental activa, moderna y socialmente validada.Pero algo ha empezado a romperse en ese relato. Y no lo dicen sus críticos, sino las propias empresas que construyeron el negocio del swipe. Hoy, las plataformas de citas reconocen que los jóvenes siguen queriendo amar, pero cada vez se sienten menos capaces de empezar una relación. No por falta de deseo, sino porque el proceso se ha vuelto emocionalmente pesado, socialmente expuesto y psicológicamente exigente. En medio de una generación hiperconectada, el resultado no es más amor, sino más soledad.Según un informe elaborado por Match Group junto a Harris Poll y The Kinsey Institute, el 80% de la Generación Z cree que encontrará el amor verdadero algún día, más que cualquier otra generación. Sin embargo, solo el 55% se siente preparada ahora mismo para una relación. Esa distancia entre deseo y acción es lo que la compañía ha bautizado como la readiness paradox, o “paradoja de la preparación”.La contradicción es clave para entender el momento actual. Los jóvenes quieren vínculos, pero no saben cuándo —ni cómo— iniciarlos. El mismo informe señala que casi la mitad de la Generación Z afirma no estar lista para una relación en este momento y que el 75% no tiene ninguna prisa por empezarla. Como explicaba a Fortune Chine Mmegwa, responsable de estrategia de Match Group, el proceso se convierte en un ciclo que se retroalimenta: estándares muy altos de preparación emocional conducen a la espera; la espera, a la soledad; la soledad, al deseo de conexión; el deseo, al miedo a no estar listo. El resultado no es desapego, sino parálisis.Esta parálisis no ocurre en el vacío. Ocurre en un contexto donde la soledad juvenil se ha disparado, incluso entre personas con vida social activa y presencia constante en redes. Un estudio publicado en PLOS One define este fenómeno como una “ambivalencia social”: jóvenes rodeados de gente que, aun así, se sienten profundamente solos. En España, los datos del Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada muestran que casi siete de cada diez jóvenes reconocen haberse sentido solos recientemente, independientemente del número de amigos o seguidores que tengan. La cantidad de interacción no compensa la falta de profundidad emocional. Tener likes no equivale a sentirse acompañado.El informe de Match Group confirma esta sensación donde más del 50% de la Generación Z dice sentirse sola a pesar de tener conexiones online. Y, a diferencia de generaciones anteriores, muchos admiten que buscan vínculos no tanto por amor como para evitar la soledad, algo que después les genera culpa o la sensación de estar entrando en una relación “por el motivo equivocado”.A esta fragilidad emocional se suma un factor decisivo, las redes sociales han cambiado la forma misma de iniciar una relación. Ya no se pide una cita. Se pide el Instagram. Y muchas veces, todo se queda ahí. Seguirse, mirar historias, reaccionar con un emoji, observar durante semanas —o meses— sin dar un paso claro. Una fase permanente de tanteo que reduce el riesgo, pero también bloquea el avance.Cuando una relación parece avanzar, la presión no desaparece; se traslada al escaparate público. Según datos recogidos por Fortune a partir de informes de Match Group, casi la mitad de las relaciones de la Generación Z comienzan con un soft launch en Instagram —una foto ambigua, una historia sin contexto— frente al 27% del conjunto de la población. El hard launch, en cambio, es percibido como un compromiso serio por el 81% de quienes lo han hecho.Hacer oficial una relación ya no es una fase más, se vive como un contrato simbólico. El miedo al fracaso público —tener que borrar fotos, gestionar explicaciones, exponerse al juicio— funciona como freno incluso antes de empezar. Mejor no iniciar nada que tener que deshacerlo delante de todos. Match Group describe este clima como una auténtica “presión de rendimiento” aplicada a la vida sentimental. Este repliegue no es exclusivo de las citas. Como ya analizamos en Xataka, la Generación Z está reduciendo de forma consciente su exposición pública en redes sociales: menos publicaciones, más mensajes privados; menos huella, menos riesgo. Este clima se ve reforzado por un cambio en las formas de tener citas. Como recoge Business Insider, el flirteo tradicional está en declive: pedir un perfil ha sustituido a invitar a un café. Las aplicaciones de citas y la pandemia han debilitado el “músculo” de hablar con desconocidos en persona, generando más ansiedad social. El resultado no es rechazo al contacto, sino una aproximación pasiva, prolongada y poco resolutiva.Algunos expertos matizan, sin embargo, que no se trata tanto de una pérdida de habilidades como de un cambio de código. La Generación Z es más directa con sus límites y expectativas, y menos tolerante con la ambigüedad prolongada. Lo indefinido cansa. Lo confuso agota.Eso encaja con los datos del informe Year in Swipe 2025 de Tinder, donde se observa un rechazo creciente al “mínimo esfuerzo” y a las señales ambiguas. Tendencias como el clear-coding o el loud looking —decir explícitamente qué se busca y desde dónde— reflejan ese deseo de claridad emocional en un ecosistema que, paradójicamente, empuja a no decir nada y esperar.Frente a este escenario, las aplicaciones de citas han decidido cambiar el enfoque. Ya no venden la promesa de ligar rápido, sino en reducir la ansiedad del primer contacto.Tinder, propiedad de Match Group, ha sido la más explícita en este giro. El año pasado lanzó Modes, un sistema que permite elegir cómo y desde dónde conocer gente: modo clásico, Double Date (citas en pareja con un amigo) y College

Las mejores apps para bajar música gratis en tu móvil

Yúbal FernándezYúbal FernándezVamos a decirte las mejores aplicaciones gratis para bajar música en tu teléfono móvil, de forma que puedas escucharla cuando quieras y donde quierasa. Se trata de apps sin ningún coste, que utilizan o fuentes propias para la música o la descargan de vídeos subidos a Internet.Es algo parecido a nuestra lista de apps y webs para escuchar música gratis en cualquier dispositivo, aunque muchas apps funcionan como los programas para escuchar música de YouTube como si fuera Spotify, pero bajando los archivos de audio de los vídeos. Aquí no incluiremos las webs para bajar música gratis de la que ya te hemos hablado.Es un cliente de YouTube para Android, una aplicación de código abierto que permite ver los contenidos sin dar acceso a permisos cuestionables ni soportar un exceso de publicidad. Esto hace que la experiencia sea más rápida y que gaste muchísima menos batería.La aplicación también permite descargar los vídeos o los audios de los vídeos, como por ejemplo música, en tu dispositivo. Además de Youtube, también soporta PeerTube, SoundCloud o Bandcamp. Eso sí, tienes que descargar su APK desde la web, puesto que no está en Google Play.Esta es una aplicación diseñada para escuchar música de varios estilos musicales, centrándose en artistas independientes o menos conocidos. Es una aplicación de gratis, pero en la que necesitas pagar para tener acceso a todas las funciones. La versión gratuita te permite descargar canciones individuales, pero si quieres bajarlo todo incluyendo álbumes tendrás que pagar.  Está disponible para Android y para iPhone.Otra aplicación para Android que sigue los pasos de NewPipe. Es un navegador que permite acceder a YouTube reduciendo el consumo de datos, desbloquear funciones como la escucha en segundo plano. Su particularidad es que se centra en el apartado musical por encima del resto de contenidos de la plataforma.Básicamente lo que haces es desbloquear YouTube Music, pudiendo crear listas de reproducción y con un modo para descubrir música. Luego, los vídeos podrás descargarlos completos o solo en audio con distintas calidades de sonido.Fildo es un reproductor de música y de podcast. No aloja su propio contenido, sino que te permite elegir entre varias fuentes para encontrarlo ahí. No se basa en YouTube, sino en otros servicios de terceros menos conocidos, pudiendo añadir también otros motores de búsqueda. También tiene opción de bajar la música a tu móvil para escuchar cuando quieras.Esta es una aplicación para Android e iOS que está especializada en mixtapes o mezclas de rap y hip-hop. Es una aplicación m uy trabajada, con información de todos los artistas que hay en ella y funciones sociales.Además, también te va a permitir descargar la música en tu dispositivo para escucharla cuando quieras. Es una función premium, pero se puede activar para una canción individual viendo un anuncio.Esta es una plataforma centrada en música independiente y libre de derechos, con la que puedes descargarte miles de canciones gratis. No encontrarás lo último de tus artistas internacionales favoritos, pero puede que encuentres algún artista semidesconocido que te vuele la cabeza.La aplicación te permite explorar comunidades para todos los géneros musicales, desde el pop o el rock a música clásica, electrónica o simplemente ambiental o emocional. También hay listas de reproducción y muchas otras opciones. Tiene aplicaciones para Android e iOS.Una aplicación con la que buscar, escuchar y descargar música, con un reproductor avanzado con ecualizador. La música es para uso no comercial, con una amplia variedad de temas a tu disposición. Es exclusiva para Android, y puedes incluso elegir la carpeta donde descargarla.Una aplicación gratuita que te permite descargar canciones para escucharlas sin conexión en tu dispositivo, incluso con su plan gratuita. Tiene un catálogo bastante decente, aunque puedes encontrarte aplicaciones y a veces tiempos de espera. Además, la disponibilidad de muchas canciones puede depende de dónde vivas.Y terminamos con una aplicación diferente, que sirve para descargar música que tú tengas en fuentes como almacenamiento en la nube. Vamos, que te conectas a los sitios donde tienes subida la música y la puedes bajar directamente a tu iPhone. Porque sí, es exclusiva para iPhone.En Xataka Basics | 14 apps y servicios para descubrir música nueva en Spotify, Apple Music y los demás servicios de streamingLos mejores comentarios:Ver 0 comentariosEn Xataka hablamos de…Ver más temas Webedia Tecnología Videojuegos Entretenimiento Gastronomía Motor Estilo de vida Economía Ediciones Internacionales Destacamos Ver más temas SuscribirMás sitios que te gustaránRecienteVer más artículos Xataka TV Ver más vídeos source

En el siglo XIX, Reino Unido vivió una insólita "fiebre del oro": se hicieron millonarios buscando heces de dinosaurio

Rubén AndrésRubén AndrésEncontrar oro, diamantes o petróleo ha sido el origen de muchas de las mayores fortunas de la historia. Un golpe de suerte o invertir en excavaciones en la zona adecuada y en el momento preciso eran la clave para amasar una enorme fortuna.Sin embargo, a veces esa fortuna llega de la mano de hallazgos mucho menos “glamourosos”. En el Reino Unido de principios del siglo XIX, toparse con restos de un dinosaurio era muy llamativo. Pero encontrarse con sus heces podía convertirse en un lucrativo negocio que convirtió en millonarios a muchos afortunados.A principios del siglo XIX, la famosa cazafósiles Mary Anning se topó con unos extraños nódulos oscuros y de formas irregulares en las costas de Dorset, un condado al sur de Inglaterra. La paleontóloga estudió esos extraños restos fosilizados y descubrió que estaban repletos de escamas de peces y pequeños huesos fragmentados y atrapados en su estructura. Eso intrigó a los expertos que comenzaron a estudiarlos con más detalle.En 1829, el geólogo William Buckland los examinó y determinó que esos restos eran heces fosilizadas de ictiosaurios y las llamó coprolitos, de kopros (estiércol en griego) y lithos (piedra). Estos fósiles del Cretácico inferior (hace 110 millones de años) se preservaron en fondos marinos blandos ricos en fosfato. Tal y como destacaba el escritor Martin Sayers en un artículo en History Extra, aunque parecían rocas comunes, su alto contenido mineral desencadenó una inesperada “fiebre del oro” por encontrarlos.en 1845 John Stevens Henslow, profesor de Cambridge, reveló que estos curiosos fósiles no solo tenían un interés paleontológico, sino que también contenían hasta un 40% de ácido fosfórico que habían absorbido del terreno arcilloso, y resultaba perfecto para abono tras molerlo y tratarlo con ácido sulfúrico.Tras las Guerras Napoleónicas, Reino Unido, al igual que el resto de Europa sufrió una acuciante escasez de alimentos, por lo que el uso de fertilizantes que aumentaran la productividad de los cultivos se disparó.En ese contexto, encontrar materia prima para fabricar esos fertilizantes se convirtió en un lucrativo negocio. Ahí es donde entran en juego las deposiciones que los dinosaurios iban dispersando por lo que hoy es el suroeste de Inglaterra.De acuerdo al relato de Sayers, en 1858, Robert Walton arrendó por 200 libras por acre al año un terreno en Cambridge, lo cual era en sí mismo una pequeña fortuna. Su intención era crear una de las primeras minas al aire libre para extraer de forma industrializada los numerosos coprolitos que se habían encontrado en la zona. Se daba el pistoletazo de salida para un negocio que hizo millonarios a muchos buscadores.De acuerdo a los estudios Universidad de St Mary’s Twickenham de Londres, miles de mineros se desplazaron a la zona y se cavaban pozos profundos para extraer las codiciadas deposiciones de dinosaurio. Con su extracción no solo ganaba mucho dinero el empresario, también se pagaban sueldos muy jugosos. Un minero ganaba 10 chelines diarios lavando y clasificando coprolitos, el doble que un labrador.Eso hizo que toda la actividad agraria de la zona se convirtiera en minera industrializando la zona sur de Reino Unido. La demanda de mano de obra era tal que comenzaron a llegar trabajadores y buscadores de coprolitos de todos los rincones del país haciendo crecer la “fiebre del coprolito“.La caca de dinosaurio fosilizado se pagaba a 3 libras la tonelada, y de una mina como la que había creado Walton se extraían unas 300 toneladas de coprolito. Es decir, que si disponías del suficiente dinero como para pagar el arrendamiento de las tierras y la mano de obra, la rentabilidad de la extracción te podía hacer ganar mucho dinero. Esto desató la locura en Cambridgeshire, Suffolk y Bedfordshire.Desde 1850, mineros locales y foráneos inundaron el condado, excavando en zonas del sur de Inglaterra como Burwell, Reach o Coldham’s Common con métodos simples: excavar pozos de 6 a 10 metros de profundidad y sacar arcilla con baldes o vagonetas para filtrar su contenido y encontrar los valiosos coprolitos.Según los registros históricos, la producción local alcanzó el 90% del fosfato británico, unas 54.000 toneladas anuales en 1877, valoradas en más de 150.000 libras esterlinas al año. Los datos apuntan a que, en 1874, la industria del estiércol de dinosaurio aportaba unas 628.000 libras anuales a la economía británica, superando en más de 20.000 libras la aportación que hacían materiales como el estaño, que en aquellos años era producto clave en las exportaciones de Reino Unido.El riesgo de la extracción era muy alto porque el terreno arcilloso hacía que las excavaciones fueran propensas a los derrumbes sepultando a los obreros, y las enfermedades por el agua contaminada azotaban los campamentos de los buscadores de coprolitos.Aun así, la fiebre duró décadas y se revivió durante la Primera Guerra Mundial, impulsada por la demanda de fosforo para fabricar municiones para el ejército. No obstante, una vez declarado el armisticio en 1918, las minas de coprolito de Reino Unido volvieron a ser selladas y todo el producto se importaba de EEUU, donde los coprolitos se encontraban más cerca de la superficie y su extracción era mucho más sencilla y barata.En Xataka | Siete de las diez mayores fortunas del mundo en 2026 lo son por la IA: este ilustrativo gráfico lo deja muy claroImagen | Unsplash (David Valentine), Wikimedia Commons (United States Geological Survey, Diego Delso, National Portrait Gallery), Cambridgeshire CollectionsLos mejores comentarios:Ver 0 comentariosEn Xataka hablamos de…Ver más temas Webedia Tecnología Videojuegos Entretenimiento Gastronomía Motor Estilo de vida Economía Ediciones Internacionales Destacamos Ver más temas SuscribirMás sitios que te gustaránRecienteVer más artículos Xataka TV Ver más vídeos source

La urgencia por construir viviendas en España se ha encontrado con un tapón energético: la falta de capacidad eléctrica

Alba OteroAlba OteroDurante décadas, los grandes frenos a la construcción de vivienda en España han sido casi siempre los mismos: el suelo, los permisos, la financiación o los plazos administrativos. Hoy, a esa lista se ha sumado un límite nuevo, menos visible y mucho más difícil de sortear.En muchos puntos del país, promociones con planeamiento aprobado y proyectos listos para empezar se quedan detenidas antes de mover una sola máquina. No por falta de compradores ni por problemas urbanísticos, sino porque no pueden conectarse a la red eléctrica. Sin ese permiso, no hay urbanización ni obra posible. Lo que parecía un trámite técnico se ha convertido en un muro inesperado. Y cada vez ocurre con más frecuencia.La red dice “no”: el colapso de la capacidad eléctrica. Los datos confirman que no se trata de un problema puntual. España atraviesa una saturación estructural de su red eléctrica de distribución, que está bloqueando nuevos desarrollos residenciales en buena parte del territorio. Según la patronal eléctrica Aelec, en 2024 el sector urbanístico solicitó alrededor de 6,7 gigavatios (GW) de acceso y conexión a la red eléctrica para nuevos desarrollos de vivienda. Al cierre del año, solo una parte muy reducida de esas solicitudes fue aprobada. En torno al 40% quedaron directamente rechazadas por falta de capacidad, y otro porcentaje significativo seguía en tramitación.El atasco no se corregió en 2025. Al contrario, según la patronal, solo el 12% de las solicitudes de acceso y conexión a la red eléctrica han sido concedidas. En total, se han solicitado en torno a 40 gigavatios, de los que el 66% no han podido ser atendidos por falta de capacidad, un dato que refuerza la idea de que el problema ya no es coyuntural, sino estructural.El diagnóstico es claro para el sector promotor. La Asociación de Promotores Inmobiliarios de Madrid, ASPRIMA, estima que la capacidad correspondiente a las solicitudes denegadas en 2024 equivale aproximadamente a unas 350.000 viviendas en toda España que están en riesgo de no poder urbanizarse, al menos en los plazos previstos. La situación no mejoró al año siguiente. Aunque todavía no se conocen los datos desagregados por sectores, como ha detallado El Mundo, la tasa de rechazo para el conjunto de las solicitudes de acceso a la red —incluyendo industria, urbanismo, centros de datos o movilidad eléctrica— ha aumentado hasta el 66%, frente al 49% del año anterior.Un problema que se extiende por todo el territorio. El bloqueo eléctrico afecta con especial intensidad a las grandes ciudades, donde la demanda de vivienda es más elevada y los desarrollos residenciales se concentran. Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla figuran entre las áreas con mayor volumen de solicitudes de urbanismo rechazadas, según ha tenido acceso El Mundo. Pero el problema no se limita a los grandes núcleos urbanos. Provincias enteras presentan niveles críticos de saturación. Los mapas de capacidad de la red de distribución confirman esta radiografía. La última actualización muestra que más del 88% de los nudos eléctricos de media y baja tensión están ya saturados, lo que impide la conexión de nuevos consumidores residenciales.¿Por qué se ha llegado a este punto? Las causas del colapso son múltiples y se han ido acumulando con el tiempo. Una de las principales es el desajuste entre la planificación urbanística y la planificación eléctrica. Como ha explicado ASPRIMA, los desarrollos residenciales avanzan en el papel sin que la red esté preparada para absorber la nueva demanda, lo que obliga a los promotores a asumir refuerzos imprevistos o a esperar ampliaciones de red que pueden tardar años.A este desajuste se suma un aumento simultáneo de la demanda eléctrica procedente de varios frentes: electrificación industrial, centros de datos, movilidad eléctrica, autoconsumo y rehabilitación energética del parque de viviendas. Según datos de Endesa, más del 50% de las solicitudes de conexión están siendo rechazadas por insuficiencia de capacidad.La regulación es otro de los eslabones del atasco. El sistema actual prioriza el orden de llegada (“first come, first served”), independientemente del grado de madurez de los proyectos. Existen, además, reservas de potencia prolongadas y rígidas, así como puntos con capacidad físicamente disponible que no se utilizan por barreras normativas, lo que se conoce como “capacidad ociosa”.Todo ello se apoya sobre una infraestructura diseñada para un sistema energético muy distinto al actual. Como hemos señalado en varios análisis en Xataka, por cada euro que se invierte en generación eléctrica apenas 40 céntimos se destinan a redes, cuando la transición energética exige justo lo contrario: reforzar transporte y distribución.Mucho suelo, poca capacidad para conectarlo. El contraste entre potencial y realidad es notable. España dispone de suelo residencial clasificado con capacidad teórica para hasta siete millones de viviendas, pero solo una fracción mínima está en condiciones de desarrollarse a corto plazo.Según el informe de Atlas Reanalytics, el 87% de las viviendas potenciales carece de acceso inmediato a la red eléctrica, lo que limita su viabilidad incluso en fases avanzadas de gestión urbanística. El tiempo medio para transformar suelo en vivienda supera los veinte años en la mayoría de las provincias. En otras palabras, el problema no es solo cuánto suelo hay disponible, sino qué infraestructuras lo acompañan.Desbloqueando el cuello de botella. Ante este escenario, ASPRIMA ha elaborado un informe con 16 medidas para desbloquear miles de viviendas mediante cambios regulatorios y operativos en la infraestructura eléctrica. Las propuestas se agrupan en cinco grandes áreas: planificación de la red, optimización de la capacidad existente, agilización administrativa, certidumbre en la ejecución de infraestructuras y revisión del reparto de costes.Desde el sector eléctrico coinciden en que el problema exige una respuesta urgente. Aelec, junto con Deloitte, reclama más inversión en redes, una planificación más anticipada y flexible y un marco regulatorio estable que facilite la financiación de nuevas infraestructuras. También propone aprovechar capacidad infrautilizada de la red de transporte y acelerar permisos y refuerzos.Un impacto que va más allá de la construcción. La saturación de la red eléctrica no solo afecta a la promoción de vivienda nueva. También amenaza la electrificación y la mejora de la eficiencia del parque residencial

Hay algo que obsesiona a internet en este arranque de 2026: el pingüino nihilista que abraza una muerte segura

Carlos PregoCarlos PregoSi dentro de muchos años algún historiador se pusiese a investigar cómo ha arrancado el mundo 2026 se encontraría con una sorpresa de esas que hacen enarcar las cejas: la humanidad (o al menos esa parte de la humanidad que se codea en Internet) ha empezado el año fascinada por un “pingüino nihilista”. Con Ucrania en guerra, Trump amagando con anexionar Groenlandia a EEUU (por las buenas o las malas) y Nicolás Maduro retenido en una prisión de Nueva York, medio planeta se dedica a especular por qué diablos un buen día de 2007 un palmípedo del Antártida emprendió un viaje suicida que habría inspirado al mismísimo Friedrich Nietzsche. Suena estrafalario, pero tiene sentido.¿Qué diablos hace ese pingüino? Suena estrafalaria, pero desde hace semanas miles de personas repartidas por el ancho mundo se hacen esa misma pregunta: ¿Qué está haciendo ese pingüino? El ave en cuestión es un Pygoscelis adeliae, un ‘Adelia’ como los hay a miles en la Antártida, pero que hace unos 19 años se cruzó por pura casualidad con las cámaras del cineasta alemán Werner Herzog mientras grababa su documental ‘Encounters at the End of the World’. La cinta dura casi 100 minutos durante los que Herzog muestra llanuras níveas, focas, escenas submarinas y multitud de paisajes helados. En un momento dado sin embargo su cámara captó algo curioso, un detalle que llamó la atención de algunos críticos hace años y que ahora tiene revolucionada a media Red. La escena muestra a un pingüino de Adelia haciendo algo totalmente contraintuitivo. Sin que sepamos muy bien por qué, el animal empieza a caminar con paso firme alejándose del resto de su bandada, adentrándose entre montaña heladas. Por delante, la nada. Ni compañía. Ni comida. Es decir, muerte.“But, Why?“ La escena es impactante. Primero porque parece ir contra el sentido común más básico. Al menos el humano. Segundo, por la sorprendente determinación del pingüino, que emprende su camino sin vacilar y solo por un breve instante parece detenerse para mirar todo lo que deja a sus espaldas. El tercer motivo por el que ha cautivado a medio Internet es porque el propio Herzog se encargó de darle importancia y resaltar su dramatismo. “But, why?”, se pregunta el cineasta alemán en la narración que acompaña a la escena. Al fin y al cabo por delante solo tiene kilómetros y kilómetros y kilómetros yermos que lo alejan cada vez más de la seguridad de su colonia y las fuentes de alimento.“Nos llamó la atención. No se dirigía a las zonas de alimentación situadas al borde del hielo ni regresaba a la colonia. Poco después lo vimos dirigirse hacia las montañas, a 70 kilómetros de distancia. El doctor Ainslie explicó que, aunque lo capturara y lo llevara de vuelta a la bandada, volvería a las montañas. Pero… ¿Por qué?”, cuenta fascinado Herzog. La pregunta completa sería algo más larga: ¿Por qué narices desoiría un pingüino su propio instinto de supervivencia?¿Habrá una razón, no? Eso mismo es lo que se planteó en su día el documentalista y lleva semanas inquietando a medio mundo. Hay quien ha especulado que el pingüino tal vez tenía un problema que alteraba su orientación o una dolencia que afectaba a su comportamiento. Se habla incluso de posibles cambios a nivel ambiental o de un instinto exploratorio poco convencional. Si el panorama no fuera perturbador de por sí, se le añade la inquietante observación de Ainslie: no importa que Herzog o cualquier otro intentase corregir su rumbo. El animal volvería a emprender su travesía mortal casi al instante.¿Es algo tan extraño? La actitud del pingüino sí. Nuestros intentos por encontrarle una explicación que se ajuste a nuestra forma de ver el mundo (a menudo desde una óptica antropocéntrica), no. Los humanos llevamos tiempo debatiendo si los animales tienen algo similar a un sentido de la moralidad. Por ejemplo, nos preguntamos si en episodios que a nosotros nos parecen crueles hay una intencionalidad latente o simplemente son fruto del instinto. Incluso hemos especulado con la posibilidad de comportamientos “altruistas” en la fauna.Tal vez suene raro, pero son preguntas que han surgido a la vista de observaciones concretas. Un cuervo que encuentra una enorme cantidad de carne y decide avisar a otros compañeros para compartir el festín, una ballena jorobada invirtiendo tiempo y energía en proteger a una foca atosigada por las orcas, un pato que cuida de un cachorro de otra especie, poniéndose incluso en peligro.¿Están siendo generosos esos animales? ¿Son desinteresados o actúan movidos por un instinto que, en último término, busca su preservación y la de su especie? Son cuestiones tan complejas que incluso han dado pie a estudios científicos.¿Qué tiene que ver con el pingüino? Pues que en las últimas semanas, después de que el vídeo de Herzog volviese a ganar popularidad en redes, mucha gente ha visto en el palmípedo una actitud 100% humana. Eso sí, una que poco o nada tiene que ver con altruismo o crueldad. Lo que aprecian es puro nihilismo, la doctrina que abraza la “nada” (de ahí su nombre, ‘nihil’) y niega los pilares en los que se han apoyado los filósofos durante siglos: la existencia de principios religiosos, políticos y sociales y, en general, cualquier fundamento en la moral.No hay propósito. Ni la vida tiene un significado como el que le han querido buscar durante siglos las religiones. ¿Y qué hace el pingüino de Herzog si no abrazar eso mismo, la nada? ¿No evoca, en palabras del periodista Adil Faouzi, “una deserción intencionada de la lógica de la vida misma”? El animal grabado por Herzog parece captar tan bien esas ideas, condensarlas de una forma tan potente, que muchos lo han apodado así: el “pingüino nihilista”.¿Un poco rebuscado, no? Depende. No sabemos qué motivó a aquella pequeña criatura a emprender una travesía hacia su propia muerte y quienes han intentado encontrarle explicación apuntan (como decíamos antes) a una posible enfermedad o algún tipo de alteración en su capacidad para orientarse. Lo que sí resulta incuestionable es su simbolismo. Y que se presta a

Los 21 coches eléctricos más baratos que se pueden comprar (2026)

Alberto de la TorreAlberto de la TorreEl coche eléctrico barato. Ese vehículo que algunos consideraron poco menos que mitológico pero que ya está entre nosotros. Al menos si ponemos perspectiva a las cosas y comprobamos que, efectivamente, el sector del automóvil se ha encarecido mucho en los últimos años. Esa alza de precios ha conseguido que en algunos modelos concretos ya sea más barato el coche eléctrico (o tan caro) como el modelo de combustión. Lo que es seguro es que las ventas del coche eléctrico han dado un buen empujón este año en nuestro país. Si tomamos como referencia los datos de ANFAC, en 2025 se matricularon en España 101.627 automóviles completamente eléctricos. Es un 77,12% del mercado y ha elevado la cuota de penetración hasta el 8,85%. Es una cifra inferior a la Europea (17% en 2025) según ACEA, pero es un salto cuantitativo en comparación al año anterior. Las ventas son sólo una muestra más de la decidida apuesta por el coche eléctrico que se está realizando en nuestro país en materia de industria. El Grupo Volkswagen confirmó en 2022 que invertirá 7.000 millones de euros en una Gigafactoría de Sagunto para la producción de baterías a las firmas de su conglomerado automovilístico y a terceras compañías, como Ford. Por su parte, Stellantis también ha confirmado que producirá sus propias bateríasen una planta construida mano a mano con el gigante chino CATL. Y también sus coches de Leapmotor se fabricarán en España. Aunque la Unión Europea ha flexibilizado los límites de emisiones que los fabricantes deben cumplir a partir de 2025 y en 2030, así como ha mantenido con vida a los coches con motores de combustión, lo cierto es que el futuro pinta eléctrico si se mantienen las restricciones que ahora mismo están sobre la mesa. Y es que en España se fabricarán los coches que Europa necesita para terminar de popularizar esta energía y hacer de ella la opción predominante. Los precios que se muestran no contemplan ayudas a la compra. Y es que hasta 2025 el Gobierno mantenía vivo el Plan MOVES III que, a pesar de sus evidentes incomodidades, podía entregar hasta 7.000 euros de descuento en el momento de la compra. La promesa es que el 1 de enero de 2026 tendríamos nuevas ayudas denominadas Plan Auto+. Terminando el mes de enero cuando escribimos estas líneas, no sabemos si estas ayudas se pondrán en marcha, tampoco su cuantía ni quién las descontará en el momento de la compra. En este caso, teniendo en cuenta la reducción en el precio de los coches en el último año pero para no quedarnos exclusivamente con vehículos urbanos, nos hemos autoimpuesto una barrera de 30.000 euros antes de aplicar las posibles ayudas a la compra. Si prefieres gastar un poco más, aquí te dejamos un listado con los coches con más autonomía del mercado. Con sus virtudes y sus defectos, a continuación listamos los vehículos más interesantes que podemos encontrar entre los coches eléctricos por el menor dinero posible. Y, recuerda, en Xataka tenemos una calculadora para tener claro si merece la pena la compra de un coche eléctrico.Después de presentarse con una opción un poco más ambiciosa que se quedaba ligeramente por encima de los 20.000 euros, Citroën ha conseguido posicionarse como la firma con el coche eléctrico más barato del mercado con este Citroën ë-C3 con batería de 30 kWh. Es un vehículo puramente urbano pero que permitirá ahorrar mucho dinero a sus dueños si solo quieren un coche para desplazamientos cortos o diarios de hasta 150-200 kilómetros. Para ese cometido, es un coche casi perfecto. Aunque Citroën le ha arrebatado el trono, si había que hacer un coche eléctrico barato, Dacia tenía que estar ahí. El resultado es el Dacia Spring. Con un motor de 33 kW (45 CV) y una batería de 27,4 kWh que homologa 230 kilómetros. Con ese tamaño, la conducción ideal es la del entorno urbano y sus alrededores, por lo que los dos centenares de kilómetros esperados deberían asemejarse a las cifras reales. Su segunda generación, además, ha elevado el listón y en nuestra toma de contacto nos hemos encontrado con un coche eléctrico más interesante que su primera andadura.Si todavía no tienes muy claro qué es Leapmotor, te cuento. Stellantis ha preferido salir de China como grupo propio pero no ha dado la espalda al país. El conglomerado ha creado una empresa conjunta con esta firma china con un contrato con una línea claramente diferenciada: la compañía original es la encargada de desarrollar los coches y venderlos en China. Stellantis se ha quedado con la distribución y fabricación de esos mismos coches fuera de China. La opción más barata es el Leapmotor T03, un urbano que destaca por su facilidad de manejo y un consumo muy bajo. De nuevo, para ciudad se asienta como una opción casi perfecta si lo único que quieres es un coche para ir al trabajo, a recoger a los niños y hacer unos pocos recados. Hace ya algún tiempo, Renault lanzó su órdago: tendría un coche eléctrico por debajo de los 25.000 euros y otro por debajo de los 20.000 euros. Y ha cumplido. Lo ha hecho con dos reinterpretaciones de coches míticos. El Renault Twingo E-tech 100% eléctrico es un renacimiento desenfadado que llega con batería de 27,2 kWh que garantiza acercarse a los 200 km de autonomía en ciudad pero que llega sin carga rápida. Si queremos disfrutar de esta (50 kW en corriente continua) hay que superar los 20.000 euros. Mucho se ha hablado de este coche que en otros mercados se ha llamado BYD Seagull y que prometía ser la opción más barata en el mercado europeo de BYD. Y la marca no ha defraudado. Sus 19.990 euros de partida, antes de las futuribles ayudas lo dejan como una de las opciones más baratas del mercado pero, si tenemos en cuenta su equipamiento y nivel de acabados, no hay en 2025 rival si lo que buscas es un coche muy barato para no sacar jamás de la ciudad. El BYD Dolphin Surf ha llegado al mercado español creciendo un poco en cotas, alcanzando 3,99 metros de largo, con una batería de 30 kWh y motor de 85 kW y una batería de 43,2 kWh que

Hemos estado midiendo mal la muerte: la ciencia cree ahora que nuestra fecha de caducidad biológica es más hereditaria de lo que creíamos

José A. LizanaJosé A. LizanaDurante años, el consenso científico y la cultura popular nos ha repetido un mantra tranquilizados: los genes solo determinan el 20 o 25% de la esperanza de vida. El resto de esto hacía que cayera sobre nuestros hombros de manera directa con el estilo de vida, la dieta o incluso el entorno del que nos rodeamos. Pero esta cifra, que correspondía a estudios antiguos, ha cambiado radicalmente. El estudio. Un estudio publicado esta semana en Science ha venido a sacudir los cimientos de la biogerontología. Liderado el biólogo molecular Uri Alon del Instituto Weizmann en Israel, la investigación sugiere que hemos estado subestimando masivamente el papel del ADN. Algo que han podido saber tras limpiar los datos del “ruido” estadístico con conclusión muy rotunda detrás: la heredabilidad de la esperanza de vida humana ronda el 55%. Lo que sabíamos. El porcentaje de participación de la genética actual se basaba en las investigaciones hechas en los años 90 y que tenían como clave la definición de “morir”. Los estudios más antiguos analizaban cohortes de gemelos daneses  suecos tomando la mortalidad como un todo. De esta manera, si un gemelo moría de cáncer a los 90 y el otro atropellado a los 30, la estadística interpretaba que la genética influía bastante poco. La actualidad. Pero ahora, el equipo de Alon ha aplicado un nuevo modelo matemático para separar dos conceptos que solían mezclarse. Uno de estos concretos era la mortalidad extrínseca, es decir, las muertes causadas por factores externos y aleatorios como por ejemplo los accidentes, las pandemias o las guerras. Por otro lado, se tiene la mortalidad intrínseca, que es el verdadero envejecimiento biológico y que no se debe a un accidente, sino al ‘desgaste’ del organismo con el paso del tiempo. De esta manera, al eliminar el ruido de la mortalidad extrínseca de los datos históricos, el peso de la genética comienza a dispararse. Los resultados. El nuevo estudio, publicado a finales de enero, no se basa solo en una simulación sino que ha analizado décadas de registros. Por un lado, se han vuelto a analizar los datos de gemelos nacidos entre 1870 y 1900 que son los estudios originales donde se contaba el factor extrínseco. Al eliminarlo, nuevamente la correlación genética se volvía mucho más fuerte. El equipo cruzó sus modelos con datos de hermanos de 444 centenarios estadounidenses confirmando que la longevidad extrema se agrupa en familias mucho más de lo que el azar o el ambiente compartido podrían explicar. De esta manera, el estudio corrige lo que los expertos llaman sesgos de estimación previos. Es decir, las cifras del 20-25% no eran erróneas per se, pero incluían demasiada “mala suerte”. El estilo de vida importa. Que el peso de la genética sea mucho superior de lo que pensamos, no significa que debamos abandonar el gimnasio y la dieta equilibrada. Y es que aunque la genética determina el 55% del envejecimiento, la otra casi mitad sigue siendo del ambiente y el estilo de vida. Y esto hay que seguir manteniéndolo. Por otro lado, esto tiene implicaciones enormes para la medicina personalizada. Si la “fecha de caducidad” de nuestros tejidos está más programada de lo que creíamos, las terapias antienvejecimiento deberán enfocarse mucho más en editar o modular esa carga genética, y no solo en decirnos que comamos más verdura (que también).Imágenes | LOGAN WEAVER | @LGNWVR En Xataka | En España hay ya 148 mayores de 64 años por cada 100 jóvenes. Y eso es una bomba de relojería para la economía Los mejores comentarios:Ver 6 comentariosEn Xataka hablamos de…Ver más temas Webedia Tecnología Videojuegos Entretenimiento Gastronomía Motor Estilo de vida Economía Ediciones Internacionales Destacamos Ver más temas SuscribirMás sitios que te gustaránRecienteVer más artículos Xataka TV Ver más vídeos source